En el estado Lara evalúan la población de la cotorra amarilla, también conocida como cotorra margariteña. Es un ave endémica de las áreas xerófilas de Venezuela que se encuentra en peligro de extinción.
Tal estudio de campo está siendo ejecutado por la Asociación Civil de Guardaparques Universitarios (Acgu), cuyos investigadores han encontrado sitios de anidación y alta tasa de tráfico en los municipios Iribarren (Barquisimeto), Pedro León Torres (Carora) y Urdaneta (Siquisique); además, conservan una muestra del ave en el parque zoológico y botánico Bararida para precisar algunos criterios del animal.
Carlos Silva, médico veterinario y fundador de la Acgu, informó que la Amazona barbadensis es un ave del grupo de los loros, exclusiva de las áreas del semiárido, en donde existen bosques xerófilos, escasez de agua y poca vegetación.
La investigación, que lleva más de un año desarrollándose, tiene la finalidad de determinar la cantidad de individuos (población) en vida libre, haciendo énfasis en la localidad torrense (Carora), puesto que “existe un problema acentuado en los últimos tiempos debido a la deforestación y tala indiscriminada del árbol de vera”, indicaron los especialistas del estudio.
En Venezuela solo se consiguen en el semiárido de los estados Falcón (Coro), Lara, el norte del estado Anzoátegui (Barcelona), Sucre (Cumaná) y en la isla de Margarita (La Asunción). Silva habló de una reintroducción en el Caribe, es decir, en las islas de Curazao, Bonaire y Aruba.
Temporada de concentración
“Evaluamos las poblaciones que se encuentran en esas áreas, utilizando los dormitorios que tienen las aves; ellas se concentran cuando no están en temporada reproductiva, pero debido a la tala de árboles de vera, el cual es usado para la producción de carbón, se encuentra amenazado su ecosistema y están en peligro de extinción”, reiteró Oscar Riera, técnico de campo del estudio sobre la cotorra amarilla.
Riera dijo que una de las características principales de la cotorra es que hace nidos en ese tipo de árboles, lo que disminuye la disponibilidad de nidos y hace que las cotorras no se puedan reproducir.
Explicó que las cotorras no hacen nidos parecidos a los de otras aves que hacen cestas o tejen sus nidos; ellas solo utilizan la cavidad del árbol de vera y en el fondo mantienen conchas del mismo árbol en donde depositan sus huevos, de tres a cuatro, los cuales eclosionan a los treinta días.
Asimismo, enfatizó que la cotorra es importante para el ecosistema porque cumple el rol de dispersar las semillas por el semiárido con las que se alimenta. Al comer los frutos, intenta sacar la pulpa aislando la semilla y de esta forma la traslada a otro lugar. También es considerada diseminadora porque, al alimentarse con frutos, los digiere y defeca en las áreas más lejanas del lugar de origen de la semilla.
Hora preferida
Al momento de ejecutar los censos poblacionales, preferiblemente se hacen en horas de la tarde, cuando las cotorras llegan al dormidero, “de cinco a seis de la tarde, y a través de contadores manuales realizamos el conteo hasta que llega la última cotorra o se siente totalmente, en silencio, el dormidero”, detalló Riera.
Después de cada revisión de nidos o exploración de nuevos hábitats, los investigadores procuran realizar entrevistas a los habitantes del lugar.
Indumentaria
Los estudiosos de los ecosistemas áridos, cuando van al campo, procuran ir ataviados con pantalones gruesos y usar botas altas para evitar pinchazos con espinas que pueden causar accidentes.
Entre los instrumentos para el avistamiento de la cotorra amarilla utilizan binoculares y contadores, por si se presenta el caso de tener una población grande anidando.
Las leyes ambientales prohíben la caza de la cotorra amarilla, promoviendo su vida al aire libre, debido a que, al ser domesticadas, se adaptan al cautiverio, dejando de volar en su hábitat natural y corriendo el riesgo de ser atacadas por otros animales.
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