Recuerdo que me hice esta pregunta: ¿qué puedes hacer cuando ves a un perro joven deambulando por la calle, hurgando en la basura, bajo el sol y hambriento? Yo no pude simplemente ignorarlo y seguir de largo.
Así empiezan muchas historias, pero esta aún está en desarrollo. Caramelo es un perro joven, de aproximadamente un año; su dentadura lo revela y su actitud vivaz y alegre lo delata: todavía es un cachorro. Aún confía en los humanos, confía en mí, y yo anhelo encontrar una familia para él.
No pude ignorarlo. Lo alimento a diario, le pongo agua fresca y busco desesperadamente sacarlo de la calle. Pero, en medio de todo esto, también hay villanos, y no son de película. Hay personas crueles que frecuentan la plaza donde Caramelo permanece mientras logro encontrarle un lugar seguro.
No sé si, en medio de una pelea entre algún delincuente y un peatón, o sencillamente por hacerle daño, este cachorro terminó herido. Lo cierto es que lo apuñalaron y, con esa puñalada, también me arrancaron la calma. Mi mente divaga entre posibles escenarios cada noche. A veces consigo un lugar para que no duerma en la calle, pero la realidad es que aún no he encontrado un hogar temporal ni definitivo para él.
Caramelo es tan dulce, tan cariñoso y tan lleno de vida. Verlo alegrarse cada día cuando me ve, verlo seguir confiando en nosotros los humanos, es algo muy bonito. Porque, a veces, los humanos hacemos mucho daño. Algunos se aprovechan de ese corazón puro de un animal que solo anhela vivir tranquilo y que, por estar en la calle, pareciera tener menos derechos.
A ti que lees este artículo, a ti que amas a los animales, te pido por favor que me ayudes a encontrar una familia responsable y comprometida que quiera darle una oportunidad. Que la calle deje de ser su hogar y que podamos cambiarle la vida, para así seguir ayudando a otros animales.
Tú ganarás un amigo fiel para siempre y yo nunca olvidaré que, juntos, logramos sacarlo de la calle.


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