Que hayan sido América y África los primeros contendientes del Mundial 2026, es una gran cosa.
Será el enfrentamiento de dos selecciones, de dos maneras de concebir el juego, pero también, y especialmente, de dos culturas. México concibe el fútbol con rigor en el cuidado de la zona, del movimiento del contrario, de su fiel compostura defensiva, aunque también, y como consecuencia, con pérdida de imaginación, del ingenio propio del pueblo y del jugador mexicano. Su selección siente nostalgia por aquellos jugadores de otro tiempo, por Hugo Sánchez, por Rafael Márquez, llenos de categoría y capacidad para improvisar. El campeonato del país ha mermado su calidad, el brillo de otras épocas, y vive unas horas bajas que hacen que su seleccionado no tenga el talante de otros tiempos.
La recordamos en una Copa de las Confederaciones jugada en Alemania en 2005, aquella que se disputaba antes de los mundiales, en la que México venció sin atenuantes al Brasil de enormes figuras.
Suráfrica juega a otra cosa. Su fútbol alegre, salpicado de individualidades que a veces parecen llevadas por hombres irresponsables, es un genuino representante de la expresión futbolística africana, la misma de Camerún, de Nigeria, de Costa de Marfil. Sus jugadores van a todas en la persecución del balón, y sin importarte las marcas ni los cuidados de su región de atrás. Se recuerda aquella decepcionante actuación en el 2010, cuando fueron anfitriones, y se convirtieron en la primera selección eliminada en casa en la ronda de inicio. Han crecido, han tomado conciencia de su responsabilidad, y hoy irán al asalto de Tenochtitlán.
Las cuarenta y ocho ya están en los puestos de partida. Por ahí, por las reuniones de amigos y desconocidos, preguntan por clasificados, finalistas, y sobre todo, por quién va a ser el campeón. Al ser quien escribe periodista de fútbol, la gente cree que uno tiene bajo la manga el nombre del monarca. Si así fuera, si tuviéramos esos poderes de adivinación, que fácil sería.
Lo que sí creemos, firmemente, que al menos uno de los finalistas va a ser uno de los campeones que han sido, es decir, aquellos siete que han tenido la virtud de llegar al cielo del fútbol. Lo demás, pues será siempre lo demás. Y en lo demás, el mundo extraña a Italia, caramba, cómo pudo ser que los italianos no puedan haber llegado, y a la Vinotinto de tantos sudores, lágrimas y desesperanzas que hizo soñar y caer a todo un país. Nos vemos por ahí.
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