
Todos los días mundialistas son especiales, pero este de hoy copará la atención del planeta entero. Y no es para menos. Portugal, Inglaterra y Colombia se jugarán los puntos en procura de la clasificación y su prestigio como selecciones aspirantes, de alcurnia en el intrincado universo del fútbol.
Los portugueses, que llegaron al campeonato aferrados a la camiseta número 7 de Cristiano Ronaldo, igualaron ante Congo, un equipo futbolísticamente decente, en un partido oscuro, sin brillo, todo aquello que se puede esperar de equipos como el de Lusitania. De ellos se suponen enormes cosas, de vuelo muy alto; tanto, que algunas casas de apuestas lo han dado como posible finalista. Por aquí también andan los ingleses, después de una estupenda demostración ante Croacia, en la que enseñaron la capacidad ofensiva de sus cañones siempre encendidos…
Inglaterra ha dado, hasta estos momentos, la demostración más convincente del torneo. Jugando a lo vertical, comunicándose la zaga con sus mediocampistas y los dinamiteros, dieron la impresión de ser un equipo listo para las rondas finales. Harry Kane, su astro de la vanguardia, vive su gran momento y pondrá a su gente en posición para batir a Ghana. Más tarde llegará Colombia. Venció a Uzbekistán en un partido en el que mostró categoría y, no obstante, algunas lagunas en su medio campo; podría convertirse en un enorme candidato. Los colombianos tienen la certeza de que van a crecer aún más, y que los espera un título; ¿lo dudará alguien?
El tema del “cooling break” ha sido propio para discusiones y polémicas. Su implementación se hizo para que los jugadores repararan fuerzas en mitad de cada tiempo, siempre y cuando la temperatura en la cuidad, donde se juegue llegase o desbordase los 30 grados centígrados. En el Mundial poco se ha respetado la disposición, y a tanto ha llegado, que en un partido en Vancouver, a ocho grados, también se aplicó.
Lo que hay detrás, con cuatro cuñas en cada parada de cada partido, es la recuperación de los patrocinios de las cadenas de televisión para transmitir el Mundial. Consiguieron en los “calling break” el maná del dinero buscado, y si no, revisemos estas cifras: en 104 partidos que tendrá el Mundial, y con ocho anuncios publicitarios en cada uno, se llega a 832, y como cada uno paga 280 mil dólares cada vez que es expuesto, el total es exorbitante: de miles de millones de dólares. A eso ha llegado el fútbol, el Mundial: a ser un show de dinero y un espectáculo en el que a los dirigentes poco les importan los jugadores. Es decir, el mundo al revés.
Nos vemos por ahí.
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