500 años de temblores y resistencia


Al hablar de terremotos en Venezuela, resulta inevitable remitirnos al movimiento telúrico que conmovió los cimientos de Caracas por 26 segundos, a partir de las 4:05 minutos de la tarde del 26 de marzo de 1812, Jueves Santo para ser más específicos, en una pequeña ciudad conventual donde no pasaba nada más trascendental que la Semana Mayor.

Fue una sacudida contundente que se dejó acompañar por una réplica unos días después, el 4 de abril, y que causó millares de muertos tanto en la ciudad como en sus alrededores, así como en locaciones tan remotas como Mérida, El Tocuyo, San Felipe, Santa Cruz de Mompox (Colombia) y la isla de San Vicente, en el mar Caribe. Algunas estimaciones afirman que causó entre 15.000 y 20.000 fallecidos.
Eran los días en que los patriotas, inmersos en los albores de lo que sería la Guerra de Independencia contra el dominio español, preparaban una campaña contra la provincia de Guayana, aún en manos de la Monarquía; y el pueblo, sobre todo las clases mantuanas, consideraban aquello una deslealtad contra la Corona y obviamente, una herejía.

El episodio alcanza ribetes míticos cuando los testimonios de la época, como el del cronista, historiador y político caraqueño promonárquico José Domingo Díaz, testifican una alucinada consigna del joven Simón Bolívar, quien dejó para la posteridad, sobre los escombros del pequeño cuadrilátero fundacional, una frase que hoy tiene el eco de un auténtico desafío: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.

El terremoto de 1900 destruyó a Guatire y comunidades cercanas.

Casi 5 siglos de registros.

El registro sismográfico del país tiene un amplio historial, que arranca a las 10:30 Hlv (hora local de Venezuela) del 1 de septiembre de 1530, según relata el Atlas sismológico de Venezuela, el cual destruyó el pequeño fuerte que Jácome de Castellón había hecho construir en la entonces llamada Nueva Toledo (hoy Cumaná); además, “…abrióse la tierra por muchas partes… y por las aberturas manaba un agua como tinta que hedía a piedra azufre, (…) se levantó la mar en altura de 4 estados (…) e inundóse la tierra…” como rezan crónicas de la época, siendo este el primer probable maremoto historiado de América.

En los 450 años posteriores al primer gran sismo registrado en 1530, el territorio venezolano y sus áreas adyacentes han sido escenario de miles de movimientos telúricos. De este vasto registro, obtenido tanto por crónicas históricas como por modernas lecturas sismográficas, al menos 130 terremotos han dejado una huella de destrucción en diversas localidades del país, transformando permanentemente su geografía, su arquitectura y la ubicación de sus ciudades.

Destaca por su impacto la desaparición de Nueva Cádiz el 25 de diciembre de 1541; un violento terremoto acompañado de un maremoto simultáneo que destruyó por completo la primera ciudad fundada por los españoles en la isla de Cubagua.

El 3 de febrero de 1610, un sismo imponente, según el anecdotario, sacudió el estado Táchira. Los testigos narraron que la tierra “hacía oleaje” y que en el valle de Bailadores “voló la mitad de un valentísimo cerro, como si fuera de pluma”.

La Iglesia consideró el terremoto de 1812 un castigo divino. Cuadro de Tito Salas

El terremoto de Cumaná (21 de octubre de 1766) está catalogado como el de mayor magnitud del siglo XVIII, estimado entre 6,5-7 Mw (magnitud de momento), siendo demoledor sobre gran parte de la actual capital del estado Sucre y territorios cercanos, incluyendo algunas de las islas del Caribe.

El 28 de abril de 1894, un sismo de 7.56 Mw devastó localidades como Santa Cruz de Mora, Tovar y Mérida, dejando 319 muertos. La violencia del movimiento dobló en forma de “S” los rieles y puentes del ferrocarril Santa Bárbara – El Vigía.

El viernes 29 de octubre de 1900 (era en la que comienzan los registros instrumentales), otro sismo de gran impacto golpeó la región norcentral del país: Macuto, Caraballeda, Naiguatá, Carenero, Higuerote, Guatire, Guarenas y muchos pueblos más sufrieron sus efectos. Es el famoso terremoto de San Narciso (ya que ese es su día según el santoral católico), con efectos contundentes sobre la infraestructura y la población, y considerado uno de los de mayor impacto en la historia de los registros oficiales del país. Prácticamente destruyó en su totalidad al por entonces pequeño pueblo de Guatire.

El 3 de agosto de 1950, el distrito Morán en el estado Lara sufrió el impacto de dos temblores de magnitud 6.6 el mismo día. El Tocuyo, Humocaro Alto y pueblos vecinos perdieron miles de viviendas, registrando pérdidas materiales calculadas en 500 millones de bolívares, además de 15 muertos y 80 heridos.

El terremoto de 1967 generó imágenes dantescas que permanecen en el imaginario del país
  1. Más reciente en el imaginario de la ciudad está el terremoto de Caracas de 1967. Padres y abuelos, como fuente directa, nos han hablado de la aparición de curiosas señales: ardor llameante sobre el asfalto, el ulular inexplicable de un sonido lejano y un cielo plomizo que mantuvo a mucha gente en la calle buscando el frescor de la ciudad que se entretenía con los éxitos de Billo’s Caracas Boys, Felipe Pirela y los 007 gracias a la influencia de la radio, cuando a las 8:05 minutos de la noche se produjo el estallido de las placas tectónicas buscando acoplarse con una fuerza de 6.7 grados en la escala de Richter, lo que arrojó como consecuencia, luego de 55 segundos, la muerte de al menos 236 personas y alrededor de 2000 heridos. Algunos recuerdan ver aves sin rumbo y perros merodear sin sentido en los resquicios urbanos, como buscando insertar su rutina en el repentino ajetreo.

Cariaco en el corazón

El de Cariaco produjo gran dolor entre los venezolanos por la muerte de estudiantes.

A las 3:23 de la tarde del miércoles 9 de julio de 1997, en el estado Sucre se registraba aparente normalidad bajo un cielo con luna creciente. Nadie imaginaba que la tierra estaba a punto de fracturarse. Un devastador sismo de magnitud 6.9, con epicentro en la Península de Paria, sacudió la región durante 51 interminables segundos, dejando una profunda cicatriz en el oriente del país. Aunque el temblor se sintió con fuerza en varias zonas, la población de Cariaco se llevó la peor parte. En menos de un minuto, lo que eran hogares, escuelas y centros de vida se convirtió en escombros. Los daños materiales fueron masivos, pero el costo más alto fue el humano: la tragedia cobró la vida de aproximadamente 83 personas y dejó a más de 500 heridas, transformando la fecha en un hito de dolor que el país bautizó para siempre como el Terremoto de Cariaco. Lo más desgarrador para el mundo fueron las imágenes del Liceo Raimundo Martínez Centeno y la Escuela Valentín Valiente vueltos añicos, con decenas de muchachos en su interior. Terremoto en las fiestas de San Juan. Al doble temblor en plena fiesta de San Juan han querido darle connotaciones esotéricas.

Los terremotos del 24 de junio serán recordados con gran dolor por su impacto en la población

El movimiento telúrico del pasado miércoles 24 de junio de 2026, a 205 años de la Batalla de Carabobo y en plena veneración del San Juan Bautista que mueve la riqueza cultural inmaterial del país y las energías espirituales de muchos devotos y promeseros, ha generado un sinnúmero de posts en redes sociales donde se ve el instante en que las procesiones con la imagen a cuestas debieron detener su marcha por la fuerza del desplazamiento de la tierra. En algunos casos, coincidiendo con el momento en que los parranderos entonaban una frase ritual: “¡Tiembla, la tierra tiembla!”, justo cuando redoblan los tambores y la energía festiva entra en su máxima efervescencia, recordándonos la rabia del esclavizado que mimetizó sus cantos y bailes frente a la dominación del patrón.

Más allá de las miradas prejuiciosas y estereotipadas, predicadores de Internet (y algunos a boca de calle) han señalado abiertamente que la ritualización de estos cultos tiene connotaciones “diabólicas”, por lo que lo sucedido es “castigo divino”, como cuando Dios escarmentó a los independentistas de 1812.

San Juan festejó sin imaginar lo que pasaría.

Se hizo tan persistente esta campaña, que la Sociedad de Parranderos de San Juan Bautista de Caracas emitió un comunicado puntualizando: “… han surgido grupos extremos de orientación evangélica dedicados a desvirtuar, profanar y satanizar la fiesta y devoción por San Juan Bautista. Estos fenómenos geológicos nada tienen que ver con la fe y la devoción, con el canto y el tambor; al contrario, la fe y la devoción conllevaron que la tragedia no alcanzara daños mayores. Exhortamos a estos grupos, si son gente de fe, a orar por las familias que sufrieron pérdidas familiares y materiales, orar por el país y, si no son gente de fe, les pedimos no buscar culpables y tratar de aportar ayuda y soluciones”. De alguna manera, es la historia mordiéndose la cola. l


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