En el Mundial de 2026 se han podido apreciar las diferentes tendencias del fútbol, y con más razón desde mañana, cuando cuatro escuelas se miren con sus propuestas para definir cuál es la mejor, la más actual, la que se pondrá en boga hasta el 2030. Y aunque ya y con la proliferación de la imagen y el cambio de jugadores ha habido mixtura de estilos, aún hay espacio para definir cada una.
En estas semifinales se podrá disfrutar de Francia, un fútbol contemporáneo y fundamentado en la capacidad de sus figuras rutilantes: Kylan Mbappé, Michael Olise, Ousmane Dembelé, Bradley Barcola, Adrien Rabiot. Pero no por eso los franceses desestiman al colectivo, pues sale jugando desde atrás y cuidan con celo la tenencia de la pelota. Diferente es lo que hace España. Este grupo prefiere el juego por los carriles de cada lado, con Marc Cucurella y Pedro Porro desprendidos para los centros de peligro. Adelante, pues el genio de Lamine Yamal y Mikel Oyarzábal, y el sorprendente Mikel Merino se encargan de inventar juego…
Todo cambia cuando hablamos de Inglaterra. Este seleccionado, tan flemático, tan estudioso, forma un bloque de solidez y ritmo, desde la zaga hasta el medio campo para entonces entregarle el balón a su ataque, y su ataque tiene nombre y apellido: Harry Kane. En él que capitaliza posibilidades que nacen en el fútbol de Anthony Gordon y especialmente de Jude Bellingham, unos fantasmas que salen desde el fondo para pisar fuerte y reventar redes adversarias. Es el fútbol inglés una fortaleza que solo decae en parte por la poca plasticidad de sus jugadores, un poco duros que no hacen concesiones a las florituras.
Todo tan diferente a lo que plantea Argentina. Más dado al fútbol colectivo, asociado, el equipo del Plata prefiere que no haya héroes individuales. Lionel Messi es su bandera, su insignia, pero por ahí aparecen tipos de improviso que le dan vida a los argentinos: Cuti Romero, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, para conseguir el balance y darle victorias al quehacer de toda la selección…
Ha sido este un Mundial extraño, como son todos los mundiales, con sus glorias y sus miserias de cada día. Grandes emociones, atajadas imposibles de arqueros salidos de quién sabe dónde, jugadas de circo de improvisados artistas, goles que han impresionado a las gradas y a los televidentes de todo el planeta, pero también protestas por decisiones, amarguras por injusticias y desafueros. Mas, en pocos días todas estas cosas quedarán en los cercanos y lejanos recuerdos, y se irán disipando, lentamente, en las memorias de hombres y mujeres que alguna vez empujaron sus sentimientos por la selección de su país.
Nos vemos por ahí.
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