México en Panamá - Últimas Noticias


Los representantes de México en el Congreso Anfictiónico de Panamá fueron José Mariano de Michelena y José Domínguez Manso, respectivamente.

Siempre ponderó bien Simón Bolívar a México. Desde su ubicación geográfica, sus recursos hasta su demografía se le hacían geoestratégicos al Libertador para su empeño independentista.

Ya en su Carta de Jamaica -parafraseando a José Guerra, seudónimo de fray Servando Teresa de Mier- daba noticia de su situación compleja y de su posible desenlace en la coyuntura de ese año 1815.

Posteriormente, vería con cautela “El hombre de las dificultades” los pasos incipientes de las transformaciones mexicanas: lo que significaba el “Plan de Iguala” y cómo Agustín de Iturbide tomaba el camino monárquico.

Inmediatamente vendría la caída de Iturbide, y aun cuando el conservadurismo pervivía en la política exterior mexicana, con astucia Lucas Alamán sabría torcer la balanza a favor de la causa bolivariana. A despecho de manejarse entre dos aguas- el burdo expansionismo de su vecino y la concepción unionista del caraqueño- Alamán sacaría provecho al dilema, haciéndose partidario habilidosamente de la presencia de Brasil y de los Estados Unidos -muros de contención ante la hegemonía bolivariana- en el Congreso Anfictiónico de Panamá.

Una vez fuera de cancillería Alamán, paradójicamente por intereses estadounidenses, la senda sería democrática en el caso mexicano, alcanzando dicho país un papel más prominente en la “Asamblea de repúblicas”.

Sobre este asunto Indalecio Liévano Aguirre nos dice: “Aportes trascendentales de México a la Conferencia del Istmo fueron: la doctrina del carácter permanente de la Asamblea de la Liga, de su autonomía completa en las materias que le eran propias, y su jurisdicción soberana sobre el territorio que le sirviera de sede permanente. Lo fue, igualmente, la decisión de sus delegados de aceptar para su país la carga extraordinaria que, por la cuantía de su población, le correspondía en los aportes de tropas y buques de guerra para la formación del ejército confederado. A cambio de esta posición, que de lleno comprometía a México en la empresa de organizar democráticamente el hemisferio, su cancillería, en el deseo de ejercer una influencia decisiva en la Liga, solicitó el traslado de la sede de la misma a ‘algún punto del Estado de Yucatán’, requisito que los delegados colombianos terminarían por aceptar, a pesar de no tener instrucciones específicas al respecto, pues les fue imposible dejar de advertir la trascendencia histórica que tenía la actitud asumida por México después del retiro de don Lucas Alamán”.

Los mexicanos se apoyarían en el Tratado bilateral aprobado en octubre de 1823. El propósito era luchar por la independencia y la instauración republicana contra toda colonización sin hipotecar la “integridad de cada Estado”, además de delinear el “proyecto del plan general para la defensa común y particular de cada Estado que fuere amenazado por Potencia extranjera”.

Existía cierta suspicacia del gobierno mexicano frente al Libertador -alimentada por peruanos y argentinos- en relación a “un poder ejecutivo perpetuo”, o a un posible “Jefe Supremo militar para todas las repúblicas hispanoamericanas”.

Finalmente privaría la concordia y el cónclave sería mudado a Tacubaya, en las cercanías de la capital de la otrora Nueva España.


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