Cada uno interpreta los hechos de acuerdo con su experiencia y modo de ver la realidad. En esto, los marcos cognitivos (MC) tienen mucho que ver porque condicionan esa interpretación. Los MC son estructuras mentales formadas por conocimientos que datan de nuestras interacciones primigenias (la familia y la casa).
Ahora bien, la llamada “guerra contra el terrorismo” también es un marco cognitivo, en el que subyace otro marco, el del bien contra el mal, anclado en una doble metáfora. La primera es “guerra”, que se enmarca en un contexto de defensa ante ataques. La segunda metáfora es “terrorismo”, del terror, causado por alguien que, en determinado escenario geopolítico, se convierte en amenaza, a veces no identificable, por lo cual puede llegar a estar fuera del marco legal internacional al ser difícil de tipificar.
El “terrorista” es un enemigo temible que se representa como un peligro, lo que nos activa, desde el MC de la moral, el que nos rige, la emoción negativa de inseguridad, por lo que se justifica su aniquilamiento o exterminio, por vía militar o económica.
El marco de “guerra contra el terrorismo” tiene su origen en el llamado atentado a las torres gemelas del World Trade Center (el Centro del Comercio Mundial) el 11 de septiembre de 2001, en Manhattan, Nueva York, Estados Unidos, con la presidencia del republicano G W Bush. A partir de eso, los árabes musulmanes se transformaron en los primeros terroristas.
En 2025, los inmigrantes venezolanos (y americanos en general) que estaban en trámites de un estatus migratorio en el Norte recibieron un tratamiento de “terrorista”, al ser considerados como delincuentes y hasta monstruos, lo que afectó su identidad negativamente, a pesar de que otros venezolanos han destacado internacionalmente en diferentes áreas, como la científica (Jancito Convit y Humberto Fernández Morán).
Ahora, el terrorista es la izquierda radical, aunque la equidad, el respeto a los derechos humanos y la solidaridad de los pueblos son valores esenciales de los movimientos progresistas, que miran al pasado ancestral en busca del equilibrio de relaciones de poder para garantizar la vida en el planeta, el bienestar integral y el respeto a la dignidad humana. En fin, nada más amenaza a los pueblos del mundo que la injusticia social, el enemigo en común.
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