Rubén Limardo cumple hoy 41 años, una edad en la cual muchos deportistas están disfrutando de glorias alcanzadas pero bajo la sombra del retiro. No es este el caso del afamado hijo del estado Bolívar, quien vio luz bajo el amparo del río Orinoco un 3 de agosto de 1985.
Para el campeón olímpico de esgrima en Londres 2012, jamás ha pasado por su mente la posibilidad del retiro y mantiene una trayectoria que ya lo ubica en el Olimpo del deporte latinoamericano.
Producto de una familia de excelsos esgrimistas, con cuatro décadas a cuestas desafía la lógica del tiempo para un atleta élite apuntando a un hito sin precedentes en la historia deportiva de nuestro país como lo es participar en su sexta olímpiada, de lograr la clasificación a los Juegos Olímpicos en la ciudad de Los Ángeles, Estados Unidos, en 2028, para lo cual estaría al roce de sus 43 años.
Pero, ¿Qué motiva a Rubén a seguir adelante como atleta activo cuando todo parece indicar que su futuro como entrenador luce más idóneo?
Remembranza del pasado
Definir el legado de Rubén Limardo para el deporte venezolano es sumamente complicado por cuanto habría que referirse a muchos aspectos de impacto.
Por ejemplo, haber roto una sequía de 44 años sin títulos olímpicos -desde la gesta de Francisco “Morochito” Rodríguez en México 1968- el país ansiaba volver a lo más alto del podio universal.
Y Limardo se lo otorgó. El oro conquistado en Londres 2012 no solo saldó esa deuda histórica, sino que redefinió el techo de aspiraciones para los atletas nacionales en cualquier área.
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Con esa victoria, demostró que un deportista formado y desarrollado en el sistema venezolano podía dominar una disciplina históricamente acaparada por potencias europeas, transformando la mentalidad de toda una generación de competidores.
Por supuesto que su segundo apellido, Gascón, de origen polaco, tuvo una influencia directa en su preparación, tal y como lo explicó hace algunos años.
“Sigo en Venezuela y trabajo para mi país. Soy fruto de un proyecto que hace años comenzó mi madre Noris y que luego encabezó mi tío y entrenador Ruperto Gascón. Los triunfos que he cosechado me han llevado a pasar largas temporadas fuera de Venezuela, debido a que las grandes competencias de la esgrima están en Europa, principalmente. Ello me obliga a entrenar en ese continente. Sin embargo, estoy consciente de la responsabilidad que tengo con la generación de relevo de este deporte en Venezuela. Apuesto siempre a mi país y así como logré atrapar una medalla de oro olímpica, otros chicos venezolanos pueden alcanzar la hazaña”, dijo.
El reto hacia el futuro
En la espada, la modalidad más estratégica de la esgrima, la experiencia es un pilar fundamental. Sin embargo, para Rubén Limardo competir en la élite mundial pasados los 40 años exige una redefinición total de la preparación física y mental.
A sus 41 años, la trayectoria de Rubén ya no se mide únicamente por las medallas acumuladas en el medallero, sino por la vigencia de su competitividad en una disciplina que bajo ningún concepto perdona el paso del tiempo.
Debe adaptar el cuerpo, reinventar el entrenamiento y sostener la cabeza fría ante rivales que posiblemente sean una década más jóvenes, demuestra que su mayor virtud no fue solo tocar la gloria en Londres 2012, sino la disciplina para mantenerse en pie catorce años después. Rumbo a Los Ángeles 2028, el bolivariense debe demostrar que la longevidad en el deporte de élite no es cuestión de suerte, sino de una impecable estrategia contra el reloj.
Para que Limardo asegure su clasificación a sus sextos Juegos Olímpicos en Los Ángeles 2028, deberá cumplir con los criterios de clasificación establecidos por la Federación Internacional de Esgrima (FIE) y el COI.
En la esgrima, el proceso se desarrolla principalmente durante los 12 meses previos al año olímpico (desde abril de 2027 hasta abril de 2028). Limardo tiene dos vías de acceso directas: la clasificación por equipos, lo que parece su prioridad principal y la clasificación individual.
Por cualquiera de esta dos vías, el destacado atleta olímpico podría cumplir su sueño y acceder a lo que casi ningún mortal ha vivido.
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