José Balza manda en la delantera aurinegra


No hay en el país un futbolista que haya sido tan denostado por los odiadores que abundan en las redes sociales como Adalberto Peñaranda. A lo largo de su carrera el mediapunta merideño ha sido criticado por su forma de entender y vivir la vida, por las decisiones futbolísticas que ha tomado y, muy especialmente, sus detractores le reprochan, cada dos por tres, que no haya sido el supercrack que algunos veían en su capacidad para dominar el balón, driblar rivales y convertir goles de fantasía.

Después de ver su partido del jueves en el que le atajaron dos tiros penales en el triunfo 3-1 del nuevo Deportivo Táchira del técnico uruguay Álvaro Recoba en su debut ante Anzoátegui en Pueblo Nuevo, queremos quebrar lanzar a favor de Peñaranda. Ya basta de acosar a ese chamo, de convertirlo en meme y chascarrillos de indignados del teclado. El merideño volvió al país a intentar recuperar el fútbol que nos llenó los ojos, cuando despuntó en el Deportivo La Guaira hace una década y bajo la conducción de Recoba tal vez todavía esté a tiempo de brllar con fulgor.

Hay que agradecerle al técnico uruguayo que esté trabajando para devolver a Peñaranda la confianza que se requiere en la cancha. En el nuevo Táchira ya no parecen estar apenado por haberlo fichado, como ocurrió en la temporada pasada en la que apenas contó para Edgar Pérez Greco, y el talento de Peñaranda quedaba confinado al banquillo de suplencia.

Hay que tener mucha personalidad para pedir la pelota y cobrar un segundo penal, luego de haber fallado el primer lanzamiento, como fue el caso de Peñaranda en los dos duelos en los que sus disparos fueron contenidos por la soberbia actuación del arquero Josué Agüero.

Pero el verdadero jugador no se vio en esos lanzamientos fallidos, sino en los momentos en los que recibiió de cara al gol y pudimos apreciar de nuevo la picardía de Peñaranda para pisar el balón, regatear, quebrarle la cintura a los rivales y definir con categoría el segundo tanto del aurinegro.

Esa habilidad para encarar el arco, aguantar la pelota hasta el último segundo y soltar el remate por entre las piernas del guardameta demuestra que el merideño todavía atesora en sus botines la clase de un jugador distinto a la medianía. A los 28 años, el tren para ser una figura en la meca del fútbol europeo es probable que ya pasó para Peñaranda, pero si su chispa se mantiene encendida esta temporada, Táchira puede soñar de nuevo con bordar la estrella número 13 en su camiseta y dar un primer paso firme en Copa Libertadores de América, eliminando a The Strongest de Bolivia.

A la FIFA solo le importa el lucro

Los que claman por que la FIFA quite la sede compartida del venidero mundial de fútbol a los Estados Unidos, por las flagrantes violaciones a los derechos humanos y las atrocidades de asesinar a indefensos ciudadanos por oponerse a la temible ICE, la policía fascista de Donald Trump, solo claman en el desierto.

Desde que el brasileño Joao Havelange llegó al cargo de presidente de la FIFA en 1974, ofreciendo ingresos millonarios a las federaciones que votaran por él y la convirtió en una de las empresas trasnacionales que más dinero factura en el mundo, los popes que gobiernan esta entidad, como ocurre ahora con Gianni Infantino, no tienen el menor interés ni por el propio juego ni por nada más que no sea la comercialización y los mitológicos ingresos por venta de publicidad, derechos de transmisiones, mercadeo de productos e ingresos por boletos a precios exorbitantes, imposibles de paga por los millones de aficionados que siguen a este deporte sin dinero en el bolsillo.

El descaro de los dueños de FIFA no comenzó con Infantino, entregando un balón de oro de paz a Trump, y declarando sin ningún pudor ni vergüenza con los miles de muertos en la franja de Gaza que hoy “el mundo es un lugar más seguro” gracias al presidente de EE.UU. Mucho antes, en 1978, Havelange permitió que la Argentina de Videla organizara un Mundial, en medio de una dictadura con miles de desaparecidos. La FIFA solo se lucra del balón.


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