España no pudo con Cabo Verde empate a cero en su debut


España no es capaz de hacerle un gol a Cabo Verde en el debut, se complica la vida para el futuro del grupo y deja unas sensaciones horribles para el futuro. Mal partido, mal plan, reacción tardía y muchísimas dudas. Hay margen de mejora, hay hueco y tiempo para la reacción, pero esto es un petardazo, la verdad.

La Copa del Mundo es un escenario de peso que en ocasiones, en muchas ocasiones me atrevería a decir, te obliga a hacer cosas raras. Aunque uno trate de mostrarse distendido, la tensión se mastica. Así ocurrió de inicio en el España-Cabo Verde, en el que el balón no seguía la circulación que acostumbra cuando son los hombres de Luis de la Fuente los que están sobre el césped. Se tocaba y tocaba, así empieza siempre la canción, pero se recurría luego a balones rifados por Laporte, algo que no forma parte del ADN español. Una mala señal.

Al Mundial hay que ir con todo, así que a De la Fuente no se le ocurrió mejor terapia que alinear de inicio a Gavi. Lo hacía en detrimento de Baena, quien venía siendo el elegido hasta que Nico esté para ser titular tras superar sus molestias físicas. Me pareció una buena elección cuando se anunciaron los onces titulares. Gavi muerde, contagia a todo el que pase por su lado y ha llegado a este final de temporada en un excelente estado de forma.

Sin embargo, bastó el primer cuarto (las pausas de hidratación convierten ahora los partidos mundialistas en una final de la NBA) para entender que esa pieza, la de Gavi escorado en banda izquierda, no encajaba. Menos aún si el juego de España se convertía en un trantrán que no hacía cosquillas al bloque bajo ordenado por Bubista. A Vozinha, el guardameta caboverdiano, ni siquiera se le había puesto a prueba cuando el reloj marcaba la media hora de juego. ¿Y esta es la gran canditada a ser campeona en Nueva Jersey?, pensarían en cualquier casa de Buenos Aires, Nueva York o Londres en la que se estuviera viendo el encuentro.

Había una lucecita naranja que parpadeaba: Rodri, a esas alturas de partido, sumaba ya cuatro balones perdidos. Él, todo un seguro suban o bajen los tipos de interés, se abra o se cierre el estrecho de Ormuz. Esa luz de alarma no se apagó, pero una jugada sirvió para animar el juego de La Roja. Fue un desmarque de ruptura de Cucurella, quien cabeceó hacia atrás para que Ferran rematara casi en boca de gol. Lo incomprensible es que su disparo se estrelló en el larguero cuando ya se cantaba el gol. El posterior rechace deparó un testarazo de Oyarzabal que dejó claro que Vozinha de verdad sabe volar. Ferran y Laporte disfrutaron de dos ocasiones más en apenas cinco minutos, la lástima es que esa sacudida al tablero no encontró premio pues el descanso ya estaba ahí. “La puerta es Moreira”, escribiría tal vez De la Fuente en su agenda, porque los balones a la espalda del lateral derecho parecían ser la mejor vía para llegar al gol.

Muchas imprecisiones

La segunda parte se inició con un ojo en el césped y otro en la banda, donde Lamine Yamal era uno de los internacionales españoles que ya calentaban. “Hablaos, hablaos”, se colaba por el micrófono de ambiente, y es que se sucedían las imprecisiones, con dos jugadores españoles ocupando el mismo espacio o con tres corriendo detrás del mismo balón. Ansiedad se llama a eso.

Da Costa suplía a Livramento, el islote de Cabo Verde en ataque, y los Tiburones Azules se juntaban un poquito más atrás viendo la orilla del empate (o de la victoria) cada vez más cerca. Mientras, en España la luz de alarma cambiaba de naranja a rojo, así que no quedaba otra que mover el banquillo. Minuto 69, Lamine a escena. Es decir, las urgencias de un país de casi 50 millones de habitantes sobre los hombros de un chaval de 18 años. Y eso en el estreno y con Cabo Verde como rival.


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