Dos selecciones, dos conceptos diferentes del juego, dos equipos que necesitan con urgencia convencer a la gente. Convencernos a todos de que son capaces de ser dueñas del Mundial y no correr con el infortunio de Alemania o Países Bajos, ya habitantes del país del desencanto y la frustración. Los españoles, bañados de sangre joven, irán a un lance que para ellos y su fútbol podría resultar poco exigente; las llegadas de su ataque y de los marcadores de punta pueden ser letales para la lenta zaga austriaca. Con el pasar de los años, España ha ido modificando aquel estilo del “taca-taca” impuesto en su momento por Josep Guardiola. Aquellos de tocar y tocar y de asfixiar las salidas del enemigo parece gastado, pasado de moda, pues tal manera de jugar ya no alcanza.
Por eso es que Luis de la Fuente, director técnico español, ha impuesto, sin dejar atrás el viejo método, la verticalidad y la llegada de Aymeric Laporte por la derecha y Marc Cucurella por la izquierda como defensas-punteros. Frente a ellos va a estar un equipo sin atributos por ahora incapaz de desvirtuar al equipo que de súbito les aparecerá para arrebatar…
Portugal también está en el Mundial para demostrar, como España, que habrá razones para considerarlo entre lo más selecto. Con Cristiano Ronaldo marcando la ruta, seguido atrás por jugadores como Vitor Ferreira (Vitinha), Bernardo Silva, Nuno Mendes o Francisco Conceicao, la armazón portuguesa es de las más aquilatadas del campeonato. Su fútbol no ha estado donde tiene que estar; opacado, tal vez aburrido, ha sido menos de lo que se esperaba de sus talentosos muchachos. La actuación de esta jornada ante Croacia, la buena Croacia, podría ser la oportunidad para cantar sus ambiciones de estar en las grandes decisiones. Así pues que, con España y Portugal en afanes mundialistas, la península ibérica salta al ruedo con la fe puesta en sus seleccionados…
Si Francia no fue ante Suecia un espectáculo futbolístico, entonces llamemos a la selección de Brasil70 para que nos convenza. Habría que ver aquella construcción de juego, aquel trenzar desde la defensa hasta Kylian Mbappé, desde el mediocampo hasta Barcolá o Dembelé para sentir que el fútbol ha vuelto a ser el deporte natural que parecía olvidado, aquel que sabe combinar floritura con eficiencia, hechicería con goles. Los franceses no fueron un equipo, sino un circo de piruetas y belleza ante unos suecos admirados por tanto fútbol, por tanta variedad de jugadas y entendimiento. Francia, a no dudarlo, dio ayer la más hermosa demostración de un fútbol superior, alucinante, el mejor visto en años en un Mundial.
Nos vemos por ahí.
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