
El fútbol, como instrumento de penetración y transporte de culturas, no tiene finales, no conoce fronteras. Los partidos decisivos de la Supercopa de España se jugaron entre el griterío ensordecedor y caótico de muchedumbres árabes que enfebrecidas por el balón y los goles de clubes de fama, llevaron sus impulsos hacia un canal de expansión que si bien conocían, ahora parece tomar un sendero insospechado.
Dos partidos de trascendencia por lo que representaban y sucedidos en pocos días, han sido la afirmación de una afición creciente, entusiasta, que ratifica que un Mundial en los países árabes sería muy posible. No era la simpleza de ir al estadio y poderle contar a los amigos que se estuvo en un juego entre equipos de lujo, sino vivirlo como si se viviera en Madrid o Barcelona y se sintiera aquella llama quemante de eternas rivalidades….
Aunque no se puede decir que llegó al éxtasis, la vocación futbolística de Yeda enseñó varias razones. Una, que su amor por el fútbol crece; y otra, que el rompimiento de límites entre el Barcelona, Real Madrid y Atlético de Madrid es real y va más allá de una diversión nocturna o de fin de semana. Esto abre un nuevo pensamiento, tal vez un poco temerario pero no por eso fuera de toda lógica: la realización de partidos regulares de la liga española en estadios de Arabia Saudita.
Ah, hay otra razón: el dinero envuelto en los cofres sin fondo de los dueños de casa, que podrían desbordar las ansias y la codicia “del más pintao”, para decirlo en criollo. De súbito se entusiasman los japoneses y los chinos por montar partidos de Europa en sus estadios, en un desboque de desquicio que, al final de todo y, cuidado, podría superar los cálculos y hacer del fútbol un espectáculo en el que el interés monetario haga de el un show de mal gusto…
Goles para no olvidar: En cada jornada, en cada partido, a cada instante, el fútbol da sus clarinadas de cosas sorprendentes. El de Barcelona-Real Madrid fue Vinicius, quien cortándose por la izquierda y dando un giro inesperado, dejó en el camino a cinco zagueros para marcar aquel gol imposible. Así pasó con el mediocampista y extremo derecho Michael Olise, del Bayer de Munich, quien con maniobras de circo y alas en los pies, se coló por la derecha para anidar aquella pelota furtiva en la red adversaria, una de sus dos conquistas del partido.
El fútbol regala esas prendas, entrega hechos insólitos cada rato, y da fe a aquellos que dicen que el deporte es un hecho de creación porque no hay una jugada igual a otra.
Nos vemos por ahí.
La entrada Nuevas aficiones, nuevas locuras se publicó primero en Líder en deportes.
www.liderendeportes.com
Ver fuente