Saberse ir es un don que pocos tienen, porque la verdad es que uno nunca quiere dejar atrás los lugares en los que fue feliz, ni siquiera cuando esa felicidad se desvaneció ya, es como si siempre existiese la esperanza de repetir ese momento. Eso le pasó a José Alguacil con los Leones del Caracas. Y apenas esta semana le pusieron fin a una relación que se quebró hace mucho.
Irse antes, al menos dos campañas antes, lo mantendría en la memoria de la afición como el piloto que quebró una sequía de 12 años y le dio el ansiado título 21 a los capitalinos, un 30 de enero en un estadio Universitario a reventar, frente a los Tiburones de La Guaira con los que han desarrollado una rivalidad moderna bastante especial. Ahora, en cambio, se va como el responsable de dos temporadas para el olvido, en las que Leones no ha podido avanzar al Round Robin. Una más dolorosa que la otra, porque en 2024 al menos jugaron el comodín ante Tigres, pero en 2025 fueron los primeros eliminados de la zafra. Y a esos resultados se le suman algunas declaraciones bastante polémicas.
Desde la temporada muerta, cuando calificó el 2024 como un año de vergüenza y alegó que en parte era porque no había trabajado antes con el staff que lo acompañó. Y luego en muchos puntos de la campaña 2025, en los que cayó en una especie de confrontación innecesaria con sus detractores. Sus alegatos y los de la gerencia respecto a lo “difícil” que es armar una buena importación complicaron la situación. Su salida era reclamada por la afición y repito no le hacen justicia a los buenos años, porque en sus primeras tres contiendas mostró una evolución indiscutible.
En 2020 Leones había sido eliminados en ronda regular con el peor récord de la liga (15-25) y al año siguiente, cuando llegó Alguacil, clasificaron de terceros al Round Robin, se quedaron cortos, pero tenían un núcleo que prometía mucho y que a la larga cumplió. En 2022 los melenudos clasificaron de primeros a la postemporada y de primeros a la Gran Final, donde amarraron el título 21. En 2023 avanzaron de segundos a la fiesta de enero, a solo un juego del líder, y se quedaron fuera de la final a manos de unos Cardenales que ganaron ocho de sus últimos 10 juegos. Los eliminaron, sí, pero las sensaciones eran bastante buenas. Y todo eso se desplomó de forma abrupta al año siguiente.
Colapsó el pitcheo, que de la mano de Wilson Álvarez estuvo entre los mejores de la liga en 2022 y 2023. Su efectividad colectiva en 2024 fue de 6.04 y en 2025 de 5.97, en ambas casos fue la peor del circuito. Y sin pitcheo no se gana, ni siquiera cuando se tiene una poderosa ofensiva como la que ellos presumen. Necesitan buscar brazos efectivos y si las primeras escogencias no funcionan, deben moverse rápido para cambiarlos y empezar de cero cuantas veces sea necesario, Magallanes lo hizo este año y el resultado ya lo conocen. Ese debe ser el ejemplo para todos los equipos, en especial para Caracas, que necesita con urgencia redimirse con su afición.
www.liderendeportes.com
Ver fuente