-Hola. Mi nombre es Aren Pearson. Acabo de matar a mi novia en la bañadera del garage en el anexo de la casa.
-¿Cuál es el nombre de su novia?
-Claire Leveque. La acuchillé unas cuarenta veces en el corazón, en el estómago, en el cuello, en la cara y en la espalda y… yo estoy cubierto en sangre.
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Claire Leveque tenía 24 años el 11 de febrero de 2024, y Aren Pearson, 39. Esa tarde, en una remota isla escocesa, la historia de amor que había comenzado un año antes en Canadá, terminó en un relato de terror.
Claire era hija de Kathy y Clint Leveque. Nació en Westlock, Alberta, Canadá, una ciudad pequeña, y vivía con sus padres en un área rural en las cercanías. Unos años después, llegó a la familia su hermano menor, William. Los chicos tuvieron una infancia tranquila, sin sobresaltos. Claire adoraba vivir rodeada de animales y aprendió desde chica a andar a caballo. Cuidarlos era una de las tareas preferidas en su tiempo libre. Al terminar el colegio, entró a trabajar en un Starbucks donde estuvo cinco años.
Aren Pearson, por su parte, trabajaba como delivery conduciendo su auto. Además, también estaba en la construcción. Vivía cerca de la ciudad de Edmonton, también en Alberta. De orígenes escoceses, era hijo de Janet, a quien le decía “Hazel”, y John Pearson, quienes habían emigrado a Canadá luego de su casamiento en 1973. Muchos años después, Hazel decidió volver a sus orígenes en las islas Shetland, donde se instaló a vivir en una gran propiedad familiar cerca del muelle Melby, en Sandness. Al comienzo, Aren viajó con ella, pero terminó retornando a Canadá donde en 2023 conoció a Claire.
Se encontraron dentro del círculo de sus amistades. Aren había sido amigo del ex novio de Claire. Aunque tenía 15 años más que ella, la relación funcionó. Enseguida se pusieron de novios. Aren se vendía como un hombre exitoso, con mucho dinero que obtenía de sus proyectos relacionados con las criptomonedas. Siempre le repetía que iba a vivir como una princesa porque él era billonario en bitcoin. Claire, que venía lidiando con una profunda depresión que le había causado la pérdida de su madre por cáncer de mama en 2019, sintió que la alegría había vuelto a sus días. Todo parecía andar por la buena senda.
Transcurrido un tiempo, Aren le comunicó que tenía muchas ganas de que se fueran a vivir a Escocia con Hazel. El principal motivo que esgrimió fue que su madre ya estaba muy grande y que a él le gustaría pasar más tiempo con ella. El segundo fue que estaba gestionando su ciudadanía inglesa y le venía bien estar en ese país.
A Claire, después de la experiencia vivida con la pérdida de su propia madre, le pareció bien lo que Aren le propuso. Dudaba un poco por la lejanía, pero al final pensó que podría ser una gran aventura viajar al viejo continente, vivir en otro sitio por un período y viajar por Europa como Aren le había prometido. Terminó accediendo sin más vueltas.
El 21 de octubre de 2023 Claire dejó su trabajo, su casa, sus amigos y su familia y partió con Aren hacia las Islas Shetland, un archipiélago remoto al norte de Escocia. Se instalaron en la casa materna de él, en una propiedad llamada Rinville, ubicada cerca del muelle de Melby, en Sandness. Era un sitio realmente aislado: apenas había 170 habitantes y 75 casas. La postal geográfica incluía acantilados abruptos sobre el hostil Mar del Norte, bahías de arena blanca, colinas con pastizales. Paradójicamente los inviernos no eran tan crudos gracias a la Corriente del Atlántico Norte, el verdadero desafío estaba en el viento salvaje que soplaba sin tregua. La casa era grande y carecía de vecinos cercanos. Paredes blancas, techos grises y muchos metros. Sobre la misma propiedad había varios edificios anexos. Uno, pegado a la construcción principal, tenía instalado un gran jacuzzi.
Claire estaba impactada: era cierto que allí se estaba lejos de todo. Pero el amor con el que había llegado era suficiente.
Con el paso de los meses la idea de vivir aventuras empezó a disiparse. Aren no trabajaba, decía que como todavía no le había salido su nacionalidad británica no podía hacerlo legalmente. Ya viajarían por Europa cuando él obtuviera sus documentos y tuviera todo en regla.
Empezó a ser evidente que Aren ejercía cada vez más control sobre Claire. Sin acceso a sus conocidos y sin red de contención, Claire comenzó a sentirse aislada. Su única actividad era ayudar a su suegra en las tareas de la casa y se llevaban bien. Aren disfrutaba de pasear con su Porsche recién comprado y poco a poco demostró obsesión con tenerla dominada. Claire no sabía bien cómo conducir la relación cuando las señales concretas de abuso doméstico comenzaron al mes de llegar. Se intensificaron apenas iniciado 2024 cuando el 2 de enero, durante una discusión, él la amenazó diciendo que tenía varias “granadas”.
Claire no entendía el cambio y tampoco tenía con quien hablarlo. En su actividad en Facebook se mostraba bien. El 3 de noviembre de 2023 en su foto de portada había posteado una vista de la playa de su nuevo hogar en las islas Shetland. El 11 de enero estableció como su foto de perfil una imagen con Aren: dos bellos pares de ojos azules miran fijo a cámara. Se los ve engamados, con la misma camisa escocesa en colorado y negro. Sin embargo, el 13 de enero cambió esa foto de ellos juntos por una en la que estaba sola: el pelo lacio, casi blanco, enmarcando su cara perfectamente maquillada. No hay mucho más para ver en las redes, pero hoy sabemos que en su vida pasaba muchísimo más de lo que se observaba en esas imágenes estáticas. Demasiado.
Las discusiones en ese tiempo escalaron y se volvieron peligrosamente frecuentes. Las amenazas también. Tanto que Claire decidió que grabaría a Aren a escondidas, sin que él se diera cuenta. Era un riesgo que estaba dispuesta a correr para que las agresiones quedaran documentadas. Por las dudas.
Uno de esos días de enero puso play en su celular: ella se queja de su violencia y él le responde que tiene suerte porque podría haberle cortado la cabeza.
El riesgo se siente real. Se escucha cierto.
Claire sabe la importancia de lo que está grabando, pero no toma medidas al respecto.
Quizá cree que todo pasará y que la felicidad y la normalidad volverán mágicamente. O, quizá, está ahogada por el miedo.
Espera.
Solo espera.

El 11 de febrero de 2024 la espiral de violencia fue imparable. Estaban en el anexo de la vivienda de la madre de Aren y Claire se encontraba dentro del jacuzzi con agua caliente cuando él la comenzó a atacar. No tuvo escapatoria.
Hazel escuchó gritos a la distancia y fue para ver qué pasaba allí. Al abrir la puerta del anexo la escena dantesca la dejó en estado de shock. Dentro de la gran bañadera y de un agua enteramente roja estaba Claire gimiendo, moviéndose e intentando respirar. Su cara era irreconocible, estaba deformada. Intentó sacarla pero no tuvo la suficiente fuerza para hacerlo. Salió de allí, buscó el teléfono y marcó el número 999 de emergencias y explicó la situación a quién la atendió como pudo. Dijo, llorando, que su hijo parecía estar atravesando un brote psicótico y que creía que su novia todavía estaba viva. La operadora le pidió que volviera a entrar para verificar si la víctima seguía con vida. Hazel repetía que no quería volver a ingresar, que no podía ver ese cuadro terrible otra vez y que era peligroso porque Aren estaba allí. La operadora ya había enviado a la policía y a la ambulancia. Cuando Hazel tomó coraje y fue a ver a Claire, Aren le quitó el teléfono. Él retomó la conversación con la operadora y le confesó que había asesinado a su novia con cuarenta puñaladas. Describió la carnicería con suma tranquilidad para luego agregar: “Definitivamente la maté y para asegurame de que estuviera muerta la ahogué luego de haberla apuñalado repetidas veces”. Siguió detallando que se iría con su auto y se acuchillaría a sí mismo.
Cortó la llamada y se subió al Porsche. Condujo hasta el muelle sobre el mar y lanzó el vehículo al agua. Acto seguido, tomó líquido de frenos y procedió, con el cuchillo que había llevado, a acuchillarse en el cuello.

En eso llegaron al lugar los policías con su madre. Fue detenido y enviado al hospital para ser curado.
Los médicos que habían asistido a la propiedad para asistir a Claire, decretaron su muerte a las 18.17.
Estaba más que claro que el objetivo de Aren había sido uno solo: terminar con la vida de Claire como fuese. Eso mismo le dijo al médico que lo atendió esa noche: “Hacía un tiempo que quería deshacerme de ella”. Le aseguró que había matado a “mi estúpida novia porque ella bebía demasiado y eso me enfureció”.
La madre de Aren declaró a la policía que en las últimas semanas su hijo se había mostrado particularmente agresivo y que, esa tarde del crimen, parecía otra persona.
A pesar de la confesión inicial, la primera declaración de Aren en la policía fue diametralmente opuesta: sostuvo que Claire se había apuñalado a sí misma y se declaró inocente. Contó que todo había comenzado cuando Claire lo escuchó hablar por teléfono con Clint Leveque y oyó que Aren le anticipaba a su suegro que la enviaría de regreso en primera clase y con 250 mil dólares. Siempre según los dichos de Aren, ella se enojó mucho, tomó un cuchillo, se introdujo en el jacuzzi y empezó a clavárselo.
Absurda historia.
Confrontado por los agentes terminó admitiendo que también podría haber sido que él lo hiciera y admitió: “… Supongo que cualquier cosa pudo haber pasado”.

Hubo algo más sumamente perturbador. Aren había filmado el cuerpo de su novia sin vida dentro del jacuzzi mientras vociferaba: “¡Te destrocé! ¡Puta, cerda!”.
Los peritos médicos analizaron, en los días que siguieron, el cadáver. Contaron cuidadosamente las heridas. El resultado fue:
-55 lesiones totales.
-26 puñaladas: una había penetrado el cráneo; otra, perforado el pulmón derecho con una profundidad de siete centímetros.
-Incontables lastimaduras en rostro y cuello.
-Repetidos traumatismos severos, especialmente en cara y cabeza.
-Signos evidentes de compresión manual del cuello para provocar asfixia.
-Inmersión: la última acción del asesino fue hundirla en el jacuzzi para asegurarse de que estuviera muerta.
La había asesinado, por las dudas, de tres maneras complementarias: con puñaladas, con su manos y ahogándola.
Los niveles de alcohol en sangre de la víctima eran mínimos. Eso contradecía los dichos de Aren sobre que su novia bebía demasiado. Eran las fantasías de un violento que quería embarrar el escenario de su crimen.
Aren Pearson quedó preso, sin fianza posible, hasta el juicio.

El cuerpo de Claire Leveque estuvo en Escocia durante varios meses para los trabajos forenses. Luego, a pedido de su padre Clint, los restos fueron cremados para ser enviados a Canadá en marzo de 2024. Sus cenizas fueron depositadas al lado de la tumba de su madre Kathy. Clint expresó desolado: “Quería que ella descansara junto a su madre”.
El 19 de mayo de 2025, con 72 años, murió Hazel Pearson. No llegó a ver a su hijo condenado. El juicio contra Aren comenzó en octubre de ese mismo año en Edimburgo. La declaración de Hazel había quedado escrita y se leyó durante las audiencias.
Los fiscales tenían suficientes pruebas: presentaron las grabaciones de Claire donde él admitía haberla golpeado; los mensajes de Aren al padre de Claire y la llamada crucial a emergencias.
Algunos diálogos entre Claire y Aren pusieron la piel de gallina a todos los presentes.
Ella: -Vine aquí y dejé todo por vos… ¿Por qué me pegás?
Él: -Te merecés eso y mucho más. Tenés suerte de que no te corté la cabeza, ¿okey?
En otro grabado el 12 de diciembre de 2023, ella le recrimina:
Ella: -Me moliste a palos en mi cumpleaños 24.
El: -Te lo merecías.
Ella: –Te quiero, pero me vas a matar.
Resultó profético.
También escucharon los mensajes que el acusado le había enviado al padre de Claire diciendo que la enviaría de vuelta. “Por favor, te la quiero enviar. Al segundo que me doy vuelta, ella bebe. Ha decepcionado a mi madre más allá de lo creíble. Mis manos están atadas”.
Un poco más tarde le mandó otro mensaje: “No puedo manejar este nivel de estupidez”.
La fiscalía le preguntó al acusado:
-¿Mató usted a Claire Leveque?
–Hasta donde tengo conocimiento, no.

Los psiquiatras convocados para analizar al homicida no encontraron en él delirios, ni psicosis o trastorno mental agudo que explicara sus actos. No había enfermedad psiquiátrica que le impidiera comprender la gravedad de lo que había cometido.
La defensa no pudo apoyarse en ninguna excusa mental para lavar sus culpas.
El 15 de octubre, el jurado lo declaró culpable de asesinato y de varias agresiones previas contra Claire Leveque. El juez Lord Arthurson lo describió como “un crimen de excepcional depravación, una carnicería salvaje”.
Fue sentenciado a cadena perpetua, con un mínimo de 25 años de prisión efectiva antes de poder solicitar la libertad condicional.
El detective inspector Richard Baird explicó: “El nivel de violencia que Pearson infligió es realmente horripilante”
Y la procuradora Moira Orr, que lideró la investigación para la Corona, luego de conocer la sentencia le dijo a la prensa: “Hay pocas palabras para describir lo que experimentó Claire Leveque en manos de quién supuestamente la amaba. El brutal tratamiento de Aren Pearson a esta joven mujer a la que le robó el futuro, dejó a su familia completamente desolada. Los fiscales expusieron las mentiras de Pearson y sus intentos para evadir la justicia. Ellos pudieron demostrar cómo aisló a Claire de sus seres queridos, abusó de ella y la mató. Espero que el hecho de que haya sido condenado por sus despreciables acciones sea un pequeño consuelo para su familia“.
Clint Leveque sostuvo: “Lo que más me enoja es que no vi las alertas y pensé que todo estaba bien”. Agregó que solo sintió inquietud con los llamados de Aren diciendo que la enviaría de regreso. Lo cierto es que el mismo día del crimen Claire le había enviado a sus primos detalles de los abusos que sufría en manos de Pearson. Una de sus primas, Pope Ingram, lloró devastada durante el proceso judicial y, como hablándole a Claire, dijo en voz alta:“¡Tenías todo lo que necesitabas para ir a la policía!”. Y reflexionó: “Esa grabación me hizo dar cuenta de cuán sola estaba ella tan lejos. Era muy peligroso hacer esa grabación y guardarla como lo hizo”.
Este año se estrenará un documental de dos episodios sobre el caso. Lo realizó Channel 5 con Bell Media bajo el título: Murder in Shetland: The killing of Claire Leveque.
Tres días después de ser declarado culpable, Aren Pearson obtuvo la nacionalidad inglesa. Sus abogados ya iniciaron el proceso de apelación de la condena.
Claire supo, en sus últimos instantes, que su pareja le quitaba la vida. Esto resulta insoportable para cualquier ser humano empático. No había tenido el coraje necesario para marcharse antes de su violento final, pero sí la valentía de grabar las agresiones que sufría. Esos audios desenmascararon al falso príncipe de las criptomonedas. Preso, ya no puede engañar a nadie y menos lastimar a otras mujeres. Ese fue el legado de Claire.
por INFOBAE
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