Uno de los próceres venezolanos más destacados en los primeros años de la gesta emancipadora fue el caraqueño José Félix Ribas, quien desarrolló un papel de gran importancia en momentos en los que la situación estaba en contra de los patriotas, que enfrentaban a José Tomás Boves, y fue capaz de surtir a sus fuerzas con los seminaristas capitalinos y estudiantes universitarios, y el 12 de febrero del 1814, logra vencer a Francisco Tomás Morales en la batalla de La Victoria, en la que previamente le dijo a sus subalternos: “No podemos optar entre vencer o morir; es necesario vencer”.
Nació en Caracas, el 19 de septiembre de 1775, por lo que serán 250 años los que se cumplirán este viernes del nacimiento de ese patriota que se casó con María Josefina Palacios, tía de Bolívar, y, por ello, estuvo muy cerca del Libertador. Pertenecía a los mantuanos y fue el menor de 10 hermanos. Desde los momentos iniciales de la contienda, estuvo metido en las acciones patrióticas y formó parte de la Junta Suprema, que se constituyó después de la destitución de Vicente de Emparan, el 19 de abril del 1810. La acción revolucionaria le atrapó a temprana edad, cuando presenció la ejecución de José María España, el ocho de mayo de 1799 en la Plaza Mayor. Se puede señalar que ese hecho lo influenció en gran forma.
En las primeras acciones patrióticas, estuvo presente. La Junta Suprema, primer gobierno patriótico, lo designó coronel con la responsabilidad de dirigir el batallón Barlovento. Así comenzó Ribas su carrera militar. Al ser apresado, Miranda salió al exilio y, en 1813, estuvo con su sobrino político en la Campaña Admirable. A partir de entonces, Ribas se destaca en los combates y, como general de división, triunfa en la batalla de Niquitao y Los Horcones. Sigue con el triunfo en La Victoria. Gana seguidamente en la primera batalla de Carabobo, en mayo de 1814. En ese mismo año, Ribas se enfrenta a los dos grandes jefes realistas, Boves y Morales, el sanguinario cae en Urica…
Vienen los días dramáticos para Ribas. Es derrotado y, en compañía de un sobrino y su criado, sale hacia la vía de Oriente; es apresado en Valle de la Pascua, donde mueren sus acompañantes. A él lo condujeron hacia el sitio denominado Tucupido, en Guárico, donde es degollado en una plaza pública. Su cadáver fue mutilado y su cabeza frita en aceite y trasladada a la capital, donde fue colocada en la llamada Puerta de Caracas.
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