Escalera al cielo - Últimas Noticias


Un trono es el asiento oficial sobre el que se sienta un monarca en ocasiones ceremoniales; en un sentido abstracto puede también referir a la monarquía o a la corona, por extensión, perteneciente a la nobleza. Símbolos que buscan los humanos para oponer diferencias entre ellos por estatus, condición social o económica. Hoy ese papel heráldico lo juegan las marcas de productos. En el reino de las plantas, hay un árbol vernáculo que ostenta esa condición: es el chaguaramo, llamado también palma real.

El biólogo Jesús Hoyos nos refiere que el chaguaramo (Roystonea oleracea) es una especie de palmera originaria de las Antillas Menores y el norte de Suramérica; de gran porte, alcanza hasta 40 metros de altura, muy apreciada por su excepcional valor ornamental, por lo cual ha sido cultivada en muchos países.

Se alzan como saetas rematadas con largas hojas compuestas y pinadas alternadas en número de 15 a 18; crecen de manera espiralada, agrupándose en forma de corona al final de la columna, curvadas y sustentadas por un capitel cilíndrico de color verde brillante. Debido a su forma plástica, es aplicada como elemento ornamental en la arquitectura urbana. En el pasado colonial, estas palmas eran usadas como custodias en largas alamedas que anunciaban la entrada ritual de haciendas y estancias.

Reseña el filólogo Ángel Rosenblat que chaguaramo es un vocablo de raíz indígena, pero por razones políticas pretendió imponerse oficialmente —por ese empeño clasista de menospreciar lo nativo— con el nombre antillano “palma real” a mediados del siglo XIX. En Caracas ha sido erigida una figura en honor al chaguaramo. El monumento conmemorativo de la Batalla de Carabobo, obra del escultor maturinés Eloy Palacios (1911), se ubica al final de la avenida Páez, El Paraíso, conocido por el hipocorístico apelativo caraqueño como La India.

La escultura principal son tres chaguaramos colosales con efigies femeninas alegóricas a las naciones liberadas por Simón Bolívar y la diosa de la libertad. El historiador José Gil Fortoul, al referirse a este obelisco, dice: “En las llanuras venezolanas destaca esbelto y elegante su triunfal penacho; ha inspirado la feliz idea de sustituir la columna clásica con tres palmas unidas, recordando la bellísima leyenda india que pone en el penacho de la palma la habitación de sus dioses”.


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