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Con la aproximación del Mundial de 2026, la ciudad china de Yiwu, conocida como «la capital mayorista de los pequeños productos del mundo», presenta una escena muy concurrida. Los comerciantes locales estiman que los pedidos relacionados con el torneo internacional— camisetas, artículos de animación y demás — crecerán entre un 20% y un 30% respecto a ediciones anteriores, y algunos prevén un aumento del 500%. Esta fenómeno que refleja de forma lateral la pujanza del comercio exterior chino.

Datos oficiales publicados el 9 de junio por las autoridades chinas muestran que en los primeros cinco meses de 2026, el valor total de las importaciones y exportaciones de mercancías de China alcanzó los 20,68 billones de yuanes (aproximadamente 2,86 billones de dólares), lo que supone un incremento interanual del 15,3%, manteniendo la tendencia de crecimiento estable. Las exportaciones crecieron un 11,8%, hasta alcanzar los 11,91 billones de yuanes, mientras que las importaciones aumentaron un 20,5%, hasta los 8,77 billones de yuanes.

¿Cómo es posible que el comercio exterior chino ofrezca unas cifras tan positivas en un contexto global de tensiones geopolíticas, disparada de los precios energéticos e incertidumbre internacional? Las razones son múltiples.

En primer lugar, China ha aprovechado su ventaja competitiva general, basada en una estructura industrial completa, y ha aplicado múltiples políticas y reformas para agilizar el comercio al exterior. Un llamativo resultado es que en los cinco primeros meses del año los intercambios con las otras economías del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) crecieron un 17,4% interanual y representaron casi el 60% del total, inyectando estabilidad al sistema comercial internacional.

En segundo lugar, el comercio exterior chino no solo aumenta en volumen, sino que también mejora en calidad. Productos de alto valor tecnológico, como vehículos eléctricos de marca propia y sistemas fotovoltaicos domésticos de almacenamiento, gozan de gran aceptación en los mercados internacionales. Entre enero y mayo, las exportaciones de productos electromecánicos de alta tecnología del país crecieron un 18,4%, y las vinculadas a la inteligencia artificial (IA) aumentaron más del 50 % en términos interanuales. Tomemos como referencia los vehículos eléctricos. Según el último informe de la Agencia Internacional de la Energía, de cada diez vehículos eléctricos vendidos en el mundo, seis proceden de empresas chinas. Solo en mayo de este año, la automotriz china BYD incrementó sus exportaciones de autos de nueva energía en un 80,7% respecto al mismo mes de 2025. Esta optimización estructural refleja la capacidad de innovación industrial y la resiliencia empresarial del país.

En tercer lugar, China no solo quiere ser el «taller del mundo», sino también el «mercado del mundo». El aumento del 20,5% de las importaciones chinas en los primeros cinco meses —por encima del crecimiento tanto de sus exportaciones como de su comercio exterior total— muestra una reactivación de la demanda interna del país asiático y una continua liberación de la energía endógena de su economía, al tiempo que se beneficia del impulso de sus políticas públicas. Un buen comienzo del XV Plan Quinquenal (2026-2030) está estimulando la demanda de equipos y materias primas por parte de las empresas chinas, en paralelo a una apertura voluntaria del país que busca compartir oportunidades con el resto del mundo.

Cabe destacar que, desde el 1° de mayo, China amplió su política de arancel cero para cubrir a las 53 naciones africanas con los que mantiene relaciones diplomáticas, lo que ha impulsado directamente el desarrollo del comercio del país con la región. En los primeros cinco meses del año en curso, el comercio bilateral entre el gigante asiático y África superó por primera vez el billón de yuanes, lo que supone un crecimiento interanual del 18,2%. Solo en mayo, las importaciones del continente africano al mercado chino aumentaron un 15%, encadenando nueve meses consecutivos de incrementos.

El comercio exterior constituye una ventana privilegiada para observar la evolución de la economía china. Su resiliencia y dinamismo reflejan la solidez y la fortaleza real del desarrollo de alta calidad del país. En las últimas semanas, firmas como Morgan Stanley, Deutsche Bank y otras entidades internacionales han revisado al alza sus previsiones de crecimiento del producto interno bruto chino para 2026. Las empresas multinacionales como Eli Lilly (Estados Unidos), L’Oréal (Francia) o Merck (Alemania) están ampliando su presencia en China, convencidas de que el país asiático es un motor esencial de la innovación global.

Confiemos, pues, en que el crecimiento sostenido de la economía china seguirá promoviendo al alza su comercio exterior.


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