Una revolución financiera global en marcha, lenta y silenciosamente


El desafío: la comuna como sustantivo, adjetivo y verbo para denotar lo nuevo que emerja del cambio radical en la vida cotidiana, una Revolución Cultural permanente, como diría el filósofo francés Henri Lefebvre,  hace 50 años. 

Es ambicioso, pues se trata de ir más allá de una organización política y territorial, de apropiación colectiva, autogobierno y autogestión de la producción. Persigue un cambio radical en el ser social, individual y colectivo,  en su percepción y comprensión del otro, en sus  interacciones sociales, en sus valores, en sus prácticas, en sus aspiraciones, en su forma de existir y de relacionarse  “en y con el mundo”. 

Se busca la emergencia de nuevas instituciones caracterizadas por este espíritu comunal, tales como: economía y banco comunal, gobierno comunal, producción y consumo comunal, política comunal, democracia comunal, etcétera. 

Ir más allá, hacer  de lo común un verbo que se traduzca en acciones de cambio de un sujeto y su subjetividad. 

Cambiar la forma de existencia y recuperar  la esencia del ser humano para su potenciación y desarrollo.

Para ilustrar

1.- El tren rápido en China

Un profesional de las tecnologías de información, comunicaciones y telecomunicaciones comentaba con entusiasmo  un vídeo que mostraba, en China, en una estación de tren rápido, como los campesinos de las zonas rurales alejadas podían traer sus productos agrícolas a los grandes centros urbanos para venderlos. El compa celebraba el aporte de la tecnología, de beneficio mutuo, para el campesino y para los habitantes de la ciudad.

A su servidor, el mismo video le detonó una reflexión en relación al cómo vivir la ciudad, sentía que está forma de concebir por separado el espacio de trabajo con el del hogar, y a veces, hasta del sitio de estudio, creando las  llamadas ciudades dormitorios o satélites alrededor de los centros urbanos, traía a la larga problemas que deterioran la calidad de vida. ¿Cuántas horas del día debía pasar yendo y viniendo de la casa al trabajo?, ¿cuántas horas tendría para compartir con la familia?, ¿cuántas horas para el ocio?, y ¿cuántas para el sueño? Estos problemas se hacen crónicos y aumentan exponencialmente con el desarrollo urbano. Lefebvre en los 70’s le llamó a está situación alienación urbana -el distanciamiento consciente  del proceso productivo del espacio y su producto, donde él o ella participan-,  ésta se manifiesta como segregación, extrañamiento, dominación y cosificación cultural. 

En estas ciudades se vive pero no se habita, no existe apropiación del espacio público ni se fomentan las relaciones con el otro.

Aquí, es oportuno invitarles a leer el artículo “En las ciudades Comunales nos olvidamos del transporte”, en Últimas Noticias,  26-5-2021, muy pertinente, de nuestro querido amigo Giulio Santuossoso, Q.E.G.E., recientemente fallecido, nuestro reconocimiento y admiración.

2.- Cuidado con lo del Bien Común

En el 2019 y 2020, su servidor, formó  parte de un grupo de directivos de instituciones públicas que debatían sobre la comuna y  sobre el verbo “comunalizar”, las discusiones giraban entre la filosofía política y social.

Una amiga, que lamentablemente dejó también este plano en diciembre del 2022, Grisel Romero Hiller,  Q.E.G.E., que moderaba y conducía el debate, nos alertaba  en estas discusiones sobre una expresión que suele emplearse con frecuencia: el “bien común”, pues había partidarios y críticos en su interpretación que percibían riesgos en relación a quién determina  “el bien” y quién lo controla. 

El partido Comunista Chino, para orientar su política exterior, resolvió este dilema con la expresión “Comunidad de Futuro Compartido  para la Humanidad”, otros, han preferido expresiones alternativas como “Buen Vivir” o “Bienestar Común”. En todo caso, estás expresiones definen hacia dónde apuntaría  la comuna, como sustantivo, adjetivo y verbo.

En el caso de China, esta propuesta está dirigida a la creación de un comunidad mundial; la otra, es más frecuente en propuestas de comunidades locales, territoriales; una propone una nueva forma de vida basada en el “ser”, y la otra, una forma de vida basada en el  “estar”, la vida cotidiana, el pensamiento, la cultura.  Dos  formas de existencia humana.  A estas ideas cohesionadoras socialmente las denominan geocultura; para  referirse a la dimensión micro/local y forma de vida basada en el “estar” fue empleada por el filósofo y antropólogo argentino  Rodolfo Kusch en la década de los 50’s del siglo XX;  para  referirse a la dimensión macro y la forma de vida basada en el “ser”  fue empleada por  el sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein, finales de XX y principios del XXI.

Las ideologías de bajo perfil que atentan contra el cambio

Hay que estar alertas con tres ideologías comunes a las ideologías de izquierda y derecha y son:

Maquinismo, Industrialismo y Urbanismo

Se han generalizado y naturalizado llegando a hacerse invisibles y ausentes en los análisis, pero siempre tributan y reproducen el orden establecido, el hombre cosa, objeto, engranaje, unidimensional.

Perciba sus manifestaciones en la práctica, en la gestión de las personas como rebaño,  cosas, objetos, en su flujo, producción y consumo, en su desempeño. 

Perciba la alienación urbana en las autopistas y los sistemas de transporte colectivo, los centros urbanos,  los establecimientos de comida rápida y de expendio de alimentos, los centros comerciales,  las edificaciones del sistema educativo, entre tantos otros;  tecnologías blandas que ejercen funciones de arquitectura social, ingeniería social, control social y laboratorio social. 

Un camino por hacer, con el andar 

La comuna, lo comunal y comunalizar, plantean algo nuevo, se trata de una creación colectiva surgida al calor de la práctica, desde el territorio y los sujetos, su contexto, cultura y situaciones. 

Hay que explorar y experimentar, compartir, debatir, reflexionar, y en paralelo, sistematizar.

Hay que evitar a toda costa repetir los errores de experiencias del  pasado, documentadas, tales como: colectivización forzosa, cooptación de poderes instituidos, públicos o privados. 

Evitar la estandarización inicial, en particular la elaborada desde la racionalidad técnico instrumental de alguna disciplina del saber. 

La competencia y la cooperación no tienen que ser antagónicas sino complementarias, ambas son fuerzas motrices del desarrollo y la evolución.

Las estructuras que emerjan deben ser flexibles a fin de adaptar el cuerpo social a las exigencias y desafíos de cada momento, unirse (fusión) y dividirse (fisión) en base a la necesidad de adaptación y transformación sin perder la integridad.

La comuna es un proceso de construcción permanente.


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