Confirman hallazgo de los restos de Camilo Torres, el cura guerrillero


Tras casi seis décadas de incertidumbre, la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) confirmó la localización del cuerpo de Camilo Torres Restrepo, figura icónica de la Teología de la Liberación y miembro emblemático del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

El hallazgo, realizado por un equipo interdisciplinario de antropólogos forenses en el departamento de Santander, pone fin a uno de los misterios más persistentes del conflicto armado colombiano y representa un hito en los esfuerzos de reconciliación del país.

Este es el resultado de una investigación exhaustiva iniciada en 2019, tras una solicitud formal recibida por la entidad estatal encargada de rastrear a los miles de desaparecidos en el marco de la guerra interna. Según informó la directora de la UBPD, Luz Janeth Forero, el proceso de identificación permitió verificar la autenticidad de los restos, cerrando un capítulo de especulaciones que vinculaban a altos mandos militares con el ocultamiento del cadáver desde su muerte en combate en 1966.

Los restos de Torres serán trasladados próximamente a Bogotá para ser inhumados en el campus de la Universidad Nacional de Colombia. Este gesto posee una carga simbólica profunda, ya que el sacerdote no solo fue capellán de dicha institución, sino también el fundador de la primera Facultad de Sociología del país en 1959. El regreso de sus restos al centro académico que ayudó a transformar busca honrar su legado intelectual antes de su radicalización política y su posterior ingreso a las filas insurgentes.

El fin de un enigma militar y político

La ubicación exacta del cuerpo de Camilo Torres fue durante años un secreto guardado bajo llave por el estamento militar. Históricamente, se señaló al general Álvaro Valencia Tovar, quien comandaba la Quinta Brigada del Ejército al momento del fallecimiento de Torres, como el custodio del paradero de los restos.

Aunque en testimonios previos el alto oficial sugirió haber entregado los restos a la familia del clérigo a principios del siglo XXI, la falta de confirmación física mantuvo viva la teoría del «secuestro estatal» del cadáver.

El ELN, a través de un comunicado oficial, celebró la recuperación del cuerpo de quien fuera su mayor referente ético y espiritual. La organización insurgente reiteró su postura histórica, señalando que el Estado colombiano mantuvo oculto el cadáver durante décadas para neutralizar el «poder subversivo» y el carisma de un hombre que logró unir el cristianismo con los ideales de justicia social revolucionaria. Con la verificación de su identidad, el grupo armado ve cumplida una de sus demandas históricas más antiguas.

El proceso forense en Santander duró aproximadamente dos años, durante los cuales se contrastaron archivos históricos con excavaciones técnicas en zonas rurales.

Este esfuerzo técnico se produce en un momento político clave, donde la búsqueda de la verdad sobre los desaparecidos se ha convertido en el eje central de la paz total en Colombia. La recuperación de Camilo Torres no es solo un éxito científico, sino un paso necesario para desarticular los mitos que aún alimentan la polarización en la sociedad colombiana.

60 años después: El legado del pionero de la Teología de la Liberación

La confirmación del hallazgo coincide con los preparativos para conmemorar el 60 aniversario de la muerte de Torres, ocurrida el 15 de febrero de 1966.

Su fallecimiento tuvo lugar en la vereda Patio Cemento, en San Vicente de Chucurí, apenas tres semanas después de haberse unido operativamente a la guerrilla. A pesar de su breve paso por las armas, su transición de la academia y el sacerdocio a la insurgencia marcó un precedente que inspiró a miles de jóvenes católicos en toda la región durante la Guerra Fría.

Para la prensa internacional, la figura de Camilo Torres trasciende las fronteras de Colombia; su propuesta de un «amor eficaz» por el prójimo a través del cambio estructural influyó en movimientos sociales y religiosos de todo el continente.

El traslado de sus restos a la Universidad Nacional servirá para rescatar su faceta como académico y reformador social, despojándolo parcialmente de la vestimenta de combate para devolverlo a su rol como pensador crítico y precursor de la sociología moderna en el área andina.


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