“No se puede seguir teniendo las mayores reservas de energía del mundo bajo el control de adversarios de Estados Unidos”. Estas son palabras de Michael Waltz, representante permanente de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, en plena sesión del Consejo de Seguridad el lunes 5 de enero de 2026, a solo dos días de la agresión militar estadounidense contra Venezuela.
La actual administración de la Casa Blanca comenzó sus amenazas hacia Venezuela con un discurso centrado en el combate al narcotráfico y justificado en términos de la seguridad de su población. Pero hacia las últimas semanas de 2025, el lenguaje cambió y, tanto Stephen Miller, principal asesor de política interna, como el propio Donald Trump, comenzaron a hablar de petróleo.
“Nos arrebataron todos nuestros derechos energéticos. Nos arrebataron todo nuestro petróleo hace poco. Y lo queremos de vuelta”, dijo Trump el 16 de diciembre. El mismo día, Stephen Miller aseguraba en X que “el sudor, el ingenio y el trabajo estadounidenses crearon la industria petrolera en Venezuela, su expropiación tiránica fue el mayor robo registrado de riqueza y propiedad estadounidense”. En el mismo mensaje exponía cómo el gobierno estadunidense trata de conectar el petróleo con sus inverosímiles acusaciones en torno al narcotráfico: “Estos activos saqueados fueron luego utilizados para financiar el terrorismo e inundar nuestras calles de asesinos, mercenarios y drogas”.
Es mundialmente conocido que Venezuela tiene las reservas probadas más grandes del planeta: unos 303.000 millones de barriles. Estados Unidos fue históricamente el mayor comprador de crudo venezolano, con una red de refinerías en suelo estadounidense construidas específicamente para transformar el tipo de petróleo que se produce en Venezuela. Hasta que ellos mismos decidieron bloquear al país.
Venezuela tuvo entonces que tratar de aumentar su comercio con otras naciones, como China, principalmente. A este “adversario de Estados Unidos” se refería Michael Waltz en la ONU.
Tenemos, entonces, que el ataque a Venezuela tiene en realidad que ver con petróleo, con recursos naturales, como lo denunció nuestro país muchas veces desde hace más de dos décadas, y no con cualquier otra cosa. Pero Estados Unidos en el último año ha tacado y amenazado a otros países. Podemos explorar si los países atacados o amenazados por la Casa Blanca comparten también la característica de ser ricos en recursos.
El petróleo, sin duda
Estados Unidos atacó Venezuela el 3 de enero. Es evidente que nuestro país encabeza la lista de reservas de crudo (303.000 millones de barriles). Pero la Casa Blanca atacó en junio del año pasado a Irán, que con 209.000 millones de barriles ocupa el tercer lugar en el ranquin mundial de reservas. Y luego del ataque a nuestro país ha aumentado de nuevo el tono beligerante contra el gobierno iraní.
Washington está también muy involucrado en el conflicto entre Rusia y Ucrania, pasando pendularmente de amenazar a Moscú a ofrecer un diálogo que termine la guerra. Pero no hay que olvidar que Rusia tiene 80.000 millones de barriles de crudo en reserva, que lo ubican en el octavo lugar mundial y es uno de los mayores productores actuales. Estados Unidos está justo detrás de ellos, con 74.000 millones de barriles.
¿Qué hay de Nigeria? Luego de amenazar por semanas a este país sobre la base de un supuesto genocidio contra la población cristiana, Trump bombardeó territorio nigeriano el 25 de diciembre. No hay que olvidar que Nigeria tiene unas reservas de 37.000 millones de barriles de petróleo y, como Venezuela, pertenece a la OPEP.
Podemos mencionar también a México, cuyas reservas de crudo ascienden a 5.000 millones de barriles, lo cual lo ubica en el puesto 20 del ranquin mundial. Pero México tiene una característica fundamental. Está justo al lado de Estados Unidos, compartiendo miles de kilómetros de frontera que incluye el Golfo de México, donde están los grandes yacimientos mexicanos.
El gas también está presente
Cuando revisamos las reservas de gas, encontramos también coincidencias.
Rusia encabeza la lista de reservas mundiales de gas con 48.000 millones de metros cúbicos. En segundo lugar está Irán con 34.000 millones. Estos son datos muy importantes para tomar en cuenta a la hora de analizar los intereses geopolíticos de las grandes potencias y los conflictos que actualmente vive nuestro planeta, sobre todo los de Estados Unidos, que también es un actor importante en el mercado gasífero, con reservas de 17.000 millones de metros cúbicos, que los ubican en cuarto lugar del ranquin.
Nigeria y Venezuela también juegan en el tablero geopolítico del gas. El primero ocupa el noveno lugar de reservas con 5.900 millones de metros cúbicos y nuestro país está en el puesto 10 con 5.600 millones de metros cúbicos.
Tierras raras, el recurso emergente
Pero la disputa geopolítica actual no se limita a los hidrocarburos. Las llamadas tierras raras son un elemento cada vez más importante en la carrera por el control de los recursos naturales. Se trata de 17 minerales que, aunque no son tan escasos en la Tierra como su nombre sugiere, son estratégicos por sus propiedades únicas en alta tecnología y energías renovables, como teléfonos, vehículos eléctricos y turbinas eólicas, siendo su extracción y procesamiento complejos y costosos. A saber, se trata de lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio, lutecio, escandio e itrio.
China es quien domina las reservas de estos minerales con 44 millones de toneladas métricas, casi la mitad del total mundial actual, estimado en 92 millones. También es líder en capacidad de refinación y en exportaciones de la mayoría de estos elementos estratégicos. Sin duda, esto pone a Estados Unidos en una posición difícil, ya que se trata de materiales claves para el desarrollo de la industria tecnológica, que resulta transversal, a su vez, al resto de las industrias.
La recuperación de la capacidad industrial de Estados Unidos, una de las banderas políticas de Donald Trump (hacer América grande de nuevo), pasa por hacer económicamente rentable el desarrollo, para lo que necesita reducir la dependencia extranjera y los costos tantos de la energía como de las materias primas esenciales, entre ellas las tierras raras.
Dicho esto, veamos quienes dominan las reservas mundiales de estos materiales tan codiciados actualmente. Ya hablamos de China, que encabeza la lista. Luego viene Brasil con 21 millones de toneladas métricas, le siguen India con 6,9 millones, Australia con 5,9, Rusia con 5,8 Vietnam con 3,5 y Estados Unidos se ubica en el séptimo lugar con solo 1,9 millones de toneladas métricas.
En el octavo lugar está Groenlandia con 1,5 millones. Esta isla, ubicada en el antártico, entre América y Europa, pertenece a Dinamarca y ha sido objeto durante los últimos meses de diferentes amenazas por parte de la actual administración de la Casa Blanca. Donald Trump ha repetido que Groenlandia es estratégica para la seguridad de Estados Unidos y, por un lado, ha ofrecido comprarla, y por el otro amaga con tomarla militarmente. Después de la agresión a Venezuela, las alarmas en Europa se encendieron y el discurso de Washington sobre la gran isla de hielo volvió a acaparar la atención.
Al ver el ranquin mundial de reservas de tierras raras, Groenlandia parece no ser tan importantes. Pero esos yacimientos solo han sido explorados incipientemente e informaciones recientes hablan de nuevas investigaciones que apuntan a que la isla podría tener hasta 40 millones de toneladas métricas de tierras raras, sobre todo neodimio, reactivo crucial para fabricar imanes de alta potencia usados en motores eléctricos y electrónicos. Esto la ubicaría nada menos que en el segundo lugar del ranquin, muy cerca de China.
Vemos, entonces, cómo los recursos naturales siguen determinando el curso geopolítico del mundo. La superpontencia del siglo XX, Estados Unidos, lucha violentamente por mantener su hegemonía mientras China emerge como rival implacable. Justo de eso habló el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien además de político es economista, durante una entrevista reciente acerca de la agresión estadounidense a Venezuela y las amenazas contra su propio país. Sus palabras anuncian un escenario que debe ponernos a todos en alerta:
“El tema no es Venezuela, el tema es chino: Estados Unidos teme la competencia con China y busca energía para competir comercialmente, pero eso va a llevar a la guerra”.
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