Disgusto en extremo - Últimas Noticias


Hace dos siglos las cosas no estaban sencillas. Pese al logro de la Independencia de España, el panorama interno no era del todo promisorio. Esquemáticamente podemos decir que existían dos corrientes encontradas, una de claro tinte santanderiano, que apostaba a la fragmentación de la región en pequeñas repúblicas, y otra de inspiración bolivariana, que hacía esfuerzos por mantener la unión colombiana.

Afuera estaban latentes turbios intereses: o la reconquista de la Santa Alianza o el calculado avance monroista.

Fue en este marco que se dio la mentada Cosiata que, si bien se había fraguado tiempo antes, tendría su manifestación más patente el 30 de abril de 1826, en la localidad valenciana, hoy carabobeña.

Un incidente sobre abuso de fuerza de José Antonio Páez en el reclutamiento de la soldadesca, en líneas gruesas, sería el catalizador por la disputa del poder. El otrora “Centauro de los llanos”, asesorado por Miguel Peña -quien venía con una versión desconcertante sobre el juicio de Leonardo Infante- desconocía el gobierno de Bogotá, velada demanda de reforma de la Constitución cucuteña.

Sobre Miguel Peña expresa Eloy González: “Tenía numerosas y peligrosas armas el terrible intrigante (…) brillante capacidad victoriosamente ejercitada en las prácticas del parlamento, en las controversias del foro y en las actividades de la magistratura; fecundo en los recursos del debate; ardoroso en la polémica; apasionado en sus causas personales, sofista habilísimo, dialéctico elocuente, vasta erudición jurídica y gallarda preparación literaria (…) Tales eran las dotes específicas del tremendo áulico de Páez: dotes, en aquel hombre, antes perjudiciales, por su carencia de sentido moral”.

Así, el relevo de funciones de Páez por Francisco de Paula Santander generaría un descontento del Cabildo de Valencia, y luego, en otras municipalidades, desoyendo la autoridad bogotana y ratificando el prestigio del militar venezolano, ahora jefe Civil y Militar.

En un acta de la municipalidad de esos días se lee lo siguiente: “Desde el momento que se supo el decreto de suspensión de S.E. Todo este vecindario hombres, mujeres paisanos y soldados, han manifestado un disgusto en extremo, y un deseo de conseguir por cualesquiera medio, la reposición de S.E. al mando; que hasta ahora ha sido fácil disolver dos congregaciones hechas con este objeto, dirigidas a esta Municipalidad para que se suplicase al Gobierno, el decreto de suspensión y no se ejecutase; que en la noche pasada se han presentado varias partidas por diferentes puntos de esta ciudad…”.

El documento a renglón seguido expresa: “El público reunido en más de dos mil almas aclamó por un asunto general á SE. Por Jefe del Departamento; y por un acto de oficiosidad salió una partida considerable del mismo pueblo y conduciendo a SE (…) se le hizo capaz del voto general después de lo cual se sentó y varios de los ciudadanos instaron a SE. Tomase el mando…”.

Esta situación obligaría a Bolívar a comparecer en Venezuela a comienzos de 1827. Una guerra civil estaba en ciernes.

Con la Cosiata rompía el Departamento de Venezuela con el gobierno central en Bogotá, y el apetito de poder de José Antonio Páez se ponía en sintonía con la élite civil para aniquilar la influencia del Libertador en el destino de nuestras jóvenes repúblicas. Iniciaba el fin de Colombia, la grande.


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