Una torta blanca, aunque sea negra


“La máscara más barata
es la máscara del yo no fui”

Estos días de comienzos del mes marzo, de acuerdo a nuestro calendario, son conocidos como el Carnaval o carnestolendas y que entre sus características culturales representan la legítima oportunidad de utilizar los disfraces y los festejos públicos y callejeros, que incluyen el uso de cualquier prenda que permita representar a una persona distinta a la disfrazada, tales como el uso de máscaras que ocultan la esencia del ser.

En materia política, el disfraz representa una serie de connotaciones que van desde el engaño y el disimulo en las actitudes y el uso de la demagogia en el lenguaje de una dirigencia política que niega su pertenencia a la ultraderecha, como tampoco acepta ser reconocidos como fascistas.

Y eso es lo que ha estado ocurriendo con el extremismo político venezolano, que en sus actuaciones políticas han demostrado una intolerancia radical en contra del chavismo en el poder, cuando han pedido casi hasta de rodillas al imperio estadounidense que nos invada militarmente para que reine el caos y la destrucción en el país, pero niegan ser antipatriotas, con el supuesto disfraz de que son demócratas, pacifistas y constitucionalistas.

Estos militantes del odio político y enemigos de palabras como patria y soberanía, no asumen su identidad ideológica con el fascismo, niegan a través de sus disfraces “preparados y ponderados” que en sus vidas privadas celebran con mucha alegría cada sanción que el imperio estadounidense aplica en contra de Venezuela, festejan con mucha efusividad cuando nos roban la empresa Citgo o cada vez que sube el dólar paralelo.

Lo interesante de ese negacionismo sobre el abrazo de la ultraderecha con las corrientes ideológicas del fascismo, es que la praxis política de este particular extremismo político es que rechazan cuando se les acusa de una perversa actitud antivenezolana, cuando están totalmente alineados con el gobierno de Guyana, en dejarles el Esequibo y no tener problemas, ni con EEUU, ni con el Reino Unido.

Y de manera insólita, están negando haber recibido miles de millones de dólares en “ayuda humanitaria”, y que las modestas sumas de dinero que recibieron se las entregaron al personal de salud.


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