En el corazón de Nueva Esparta, la tradición se hizo sabor. El sector Fuentidueño de San Juan Bautista, en el estado Nueva Esparta, se convirtió en el epicentro de la margariteñidad con la celebración de la feria del piñonate, un evento que reúne a la comunidad, artesanos y agrupaciones folclóricas para rendir homenaje al dulce más emblemático de la isla de Margarita, reconocido formalmente como Patrimonio Cultural Inmaterial de la región.
Detrás de cada bocado de este tradicional manjar, se esconde un riguroso proceso artesanal que ha sobrevivido al paso de los siglos, gracias a la transmisión oral de generación en generación. No se trata solo de cocina; es una receta que combina paciencia, fuego y saberes ancestrales.
De la paleta y el fogón. Para comprender la magia del piñonate, hay que hablar con quienes mantienen vivo el oficio. José Salazar es el maestro piñonatero de la zona. Explica que la base del dulce es la combinación perfecta de lechosa verde, papelón, azúcar y conchitas de naranja.
“Se hace la mezcla y después hay que ir dándole con la paleta hasta que él se vaya cuajando. Hasta que ya uno vea que ya vaya quedando duro. Entonces, uno lo saca de la candela para darle paleta afuera, para que vaya cuajando hasta que llegue a un punto de echarlo en la mesa. De ahí es que ya uno lo pica para su envoltura en el cachipo y salir a la venta”, relata Salazar con la soltura de quien domina el fuego.


Entre dos mundos. La historia de este dulce es también la historia de la misma Margarita. Según cuenta Verni Salazar, cronista del municipio Antonio Díaz, el origen de esta tradición se remonta casi a los inicios de la colonización.
“El piñonate comienza prácticamente con la llegada de los españoles en 1525, porque ellos venían de Linares de la Sierra (España). Con ellos se vino la tradición a San Juan Bautista y la receta de un dulce que ellos tienen allá que se llama, justamente, piñonate”, explica el cronista. La historia de su llegada evidencia el sincretismo cultural que hoy es un sello de identidad local.
Identidad, economía y tejido del cogollo. La feria del piñonate no solo endulza los paladares de los asistentes, sino que sirve como vitrina para la economía cultural de la zona. Mientras la música tradicional de la región ameniza la jornada, los emprendedores y artesanos del municipio Díaz exhiben su talento a través de otra manifestación histórica: el delicado tejido del cogollo de la palma datilera.


El alcalde del municipio Antonio Díaz, Kendy Graterol, destacó el impacto de estas iniciativas para el desarrollo local. “Esto forma parte de los compromisos que asumimos desde la alcaldía. Teníamos dos vértices de trabajo: por un lado la innovación, el desarrollo, el crecimiento económico y turístico de nuestro municipio; y por el otro, ir de la mano con nuestra cultura, nuestra tradición, la idiosincrasia de los pueblos y la identidad de nuestra gente, que es algo maravilloso”.


Emotivo final
Un momento emotivo y vibrante es cuando el reconocido cantautor margariteño Perucho Aguirre interpreta en la feria su popular tema El piñonate. Entre aplausos, cantos y el inconfundible aroma a melao de papelón y naranja, San Juan Bautista demuestra que su patrimonio no es un objeto de museo, sino una herencia viva que se defiende, se comparte y, sobre todo, se disfruta en comunidad.
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