La música ha demostrado, en repetidas ocasiones, ser un lenguaje capaz de cruzar trincheras donde la diplomacia tradicional fracasa. Recientemente, este fenómeno cobró vigencia cuando el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, utilizó los acordes de «Imagine» de John Lennon para enviar un mensaje de paz frente a las tensiones con la administración de Donald Trump. Este gesto no intentó sino rescatar, en medio de la coyuntura política, una tradición histórica: el uso de himnos universales para desarmar el conflicto.
Himno a la utopía
Lanzada en 1971, la composición de Lennon se convirtió en la oración laica más poderosa del siglo XX. Su invitación a “imaginar un mundo sin posesiones ni religiones” ha servido de refugio en momentos de crisis global. Al ser utilizada en contextos de tensión bilateral, la canción actúa como un espejo que confronta a los líderes con la posibilidad de una coexistencia pacífica, y recuerda que la paz es, ante todo, una construcción mental y colectiva.
Un gesto de unión
Si existe un momento en el que la música intervino físicamente en la política, fue el One Love Peace Concert de 1978 en Jamaica. En medio de una cruenta guerra civil, Bob Marley logró lo impensable durante la interpretación del tema «Jamming»: unió las manos de los rivales Michael Manley y Edward Seaga sobre el escenario. Aunque la violencia no cesó de inmediato, ese apretón de manos quedó grabado como el símbolo máximo de que el arte puede obligar a la reconciliación pública.
Otras piezas han servido para denunciar la crudeza del combate y la ceguera social.
«Sunday Bloody Sunday», de U2, surgió como un grito humanista contra la matanza de civiles en Irlanda del Norte. El repique de su batería militarizada irónicamente llama a abandonar las armas.
«Solo le pido a Dios», del argentino León Gieco, es el himno nuestroamericano de resistencia. Esta conmovedora “oración” secular advierte que la guerra es un “monstruo grande que pisa fuerte”, especialmente relevante durante el conflicto de las Malvinas y las dictaduras del Cono Sur.
Más música para la paz
«El derecho de vivir en paz» fue cumbre en la carrera del chileno Víctor Jara, quien a pesar de enarbolar esta bandera, murió asesinado por los militares que operaron el golpe contra Allende en 1973.
«21 Guns» es, para los más rockeros, un poderoso alegato antibelicista de los norteamericanos Green Day, los abridores del próximo Super Bowl el 8 de febrero.
«Para la guerra nada» de la cantautora colombiana Marta Gómez, constituye un inventario de las razones por las que debe reinar la paz entre los pueblos.
«Blowin’ in the wind» de Bob Dylan, es un pilar del movimiento por los derechos civiles en EEUU. Sus preguntas sobre cuánto tiempo debe pasar antes de que llegue la libertad la convirtieron en un símbolo.
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