Nacido en la ciudad neerlandesa de La Haya el 14 de febrero de 1967, Rutte estudió Historia (1985-1992) en la Universidad de Leiden, y tras pasar por el sector privado, ingresó en la política en los noventa como miembro del Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD).
Su carrera ha sido de ascensos continuos: fue secretario de Estado de Asuntos Sociales y Empleo, y de Educación, Cultura y Ciencia, y en 2006 líder del VVD. Pegó el salto a primer ministro en 2010, hasta el pasado 7 de julio, cuando presentó su dimisión por desacuerdos sobre la política migratoria, y unos días después, anunció que dejaba la política.
Rutte se ha configurado como un personaje resistente a cualquier escándalo, negociador hábil y camaleón capaz de navegar paisajes complejos, como evidenció estos meses al ganarse el apoyo de sus mayores detractores para aspirar a secretario general de la OTAN.
Su único contrincante, el presidente rumano Klaus Iohannis, retiró hoy su candidatura, dejando a Rutte vía libre en su aspiración a suceder a Jens Stoltenberg, y se espera que los embajadores ante la OTAN confirmen su designación como nuevo jefe la próxima semana. Será el cuarto neerlandés en ocupar el cargo, después de Dirk Stikker, Joseph Luns y Jaap de Hoop Scheffer.
Un camaleón político
Si algo ha demostrado Rutte en sus casi 14 años como primer ministro neerlandés es su capacidad de llegar a acuerdos ingeniosos con sus rivales, sin importar la ideología o las enemistades.
A Rutte se le ha conocido con diferentes apodos. Uno de ellos es “Teflon Mark”, una metáfora que usa al revestimiento que evita que la comida se pegue a una sartén para describir su capacidad de salir ileso de los problemas.
También es el “halcón” que llamaba a la austeridad europea, lo que tensó la cuerda con países del sur de Europa, aunque eso parece haber quedado atrás, y estos países también apoyan su aspiración a dirigir la OTAN.
A sus 43 años fue el primer jefe de gobierno liberal en casi un siglo, y gobernó con la derecha radical de Geert Wilders (2010-2012), la izquierda socialdemócrata (2012-2017), y en dos coaliciones sucesivas de cuatro partidos -progresistas, democristianos y conservadores de Unión Cristiana- entre 2017 y 2022. Ahora gobierna en funciones hasta la toma de posesión del nuevo gabinete de Wilders, previsiblemente el 2 de julio.
Los retos de Rutte
La amenaza más directa para la OTAN es la guerra rusa en Ucrania. Su objetivo es mantener una defensa y disuasión fuertes para que el conflicto no se extienda a países aliados y provoque un enfrentamiento directo con Rusia.
Pese a que la OTAN no es parte del conflicto, ha ayudado desde el comienzo del mismo a Ucrania, país que en el futuro los aliados han decidido que se integre en la organización.
Rutte deberá supervisar la aplicación de la decisión formal que se espera salga de la cumbre aliada de Washington en julio, para que la Alianza tenga un papel más activo en la gestión del envío de ayuda militar y la formación de soldados ucranianos, y quizá también de un fondo militar que Stoltenberg ha pedido dotar de 40.000 millones de euros anuales para Ucrania.
Adicionalmente, debe enfrentar la amenaza que ellos mismos provocaron con las presiones contra Rusia, ya que le preocupa cada vez más la capacidad de Moscú de emplear tácticas híbridas para desestabilizar a los países que la conforman.
Del mismo modo, la OTAN ha cazado polémicas con China, y aunque no le ven como amenaza, se ha creado entre los aliados la preocupación por cómo Beijing ha disparado su inversión militar y por la posibilidad de perder frente a su ventaja tecnológica.
La OTAN cree que lo que ocurre en el Pacífico afecta también a su seguridad, y Rutte estará llamado a profundizar la relación que la Alianza está reforzando con socios del Pacífico (Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda).
Pero el principal tema que aqueja a la OTAN es el posible regreso a la presidencia de EEUU de Donald Trump, un férreo opositor del funcionamiento de esta Alianza Militar.
Trump ha declarado que no piensa mantener el apoyo a Ucrania y, hace unos meses, sugirió que animaría a Rusia a atacar a los países de la OTAN que no cumplan con las cuotas de gasto en defensa.
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