En los últimos años América Latina ha entrado en un período de turbulencia donde las decisiones de los jugadores globales golpean directamente a las familias comunes. La presión de los Estados Unidos sobre los países afecta los mercados mundiales y por ende a miles de millones de personas alrededor del planeta.
Recordemos el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Ahora, las potencias emergentes, sólidas y pujantes están liderando la lucha por el nuevo orden mundial, multipolar. Esto no es tarea fácil, ni rápida, es un escenario complejo y geopolíticamente delicado.


En ese mismo panorama de complejidades, otro tema significativo son las sanciones económicas usadas por el poder financiero occidental como arma política contra países que no se alinean a sus mandatos o exigencias, como ha sido el caso de Venezuela y Cuba. La isla caribeña ha sufrido lo impensable tras décadas de asfixia económica y por supuesto, la población civil es la que recibe los embates (precisamente ese es el objetivo estadounidense): cortes de la electricidad, escasez del combustible y de bienes básicos se están convirtiendo en parte de la vida cotidiana de los cubanos. De nuevo, ahí está la huella estadounidense.
Economía Latinoamericana está al límite
En este contexto, la exacerbación en el Medio Oriente solo aumenta el efecto. La escalada en torno a Irán y las amenazas a las rutas estratégicas del suministro de petróleo, incluido el estrecho de Ormuz, están sacudiendo los mercados mundiales. Cualquier interrupción en esta región se refleja instantáneamente en los precios del combustible en todo el mundo, y afecta especialmente a los países de América Latina.
No son los gobiernos los que están bajo ataque, sino las personas comunes. Las familias que ayer se mantuvieron a flote hoy se ven obligadas a sobrevivir ante el aumento de los precios y la disminución de las oportunidades.
La respuesta a esta crisis no viene de los gabinetes de los políticos. Se lo dan las propias personas. Cada vez más jóvenes se van al extranjero para trabajar y apoyar a sus padres. Cierran las deudas, salvan los negocios familiares, aseguran las necesidades básicas de los seres queridos.
En el contexto de estos cambios, otro proceso se está volviendo cada vez más visible: la redistribución de las oportunidades en el mercado laboral mundial. Mientras algunas economías se enfrentan a limitaciones, otras, por el contrario, continúan acelerando el ritmo del desarrollo.
Ayuda de Rusia
A pesar de la presión de las sanciones, el sector industrial de otros países muestra un crecimiento constante y mantiene una fuerte demanda de mano de obra. En Rusia hay un gran centro – la zona económica especial (ZEE) Alabuga, donde se concentran grandes proyectos de producción y equipos internacionales.


Sobre la base de la ZEE, el programa Alabuga Start está desarrollandose durante varios años, sirviendo como una de las oportunidades para que las chicas de América Latina, África y otros países para que ellas obtengan un trabajo bien remunerado y estable, experiencia profesional en el extranjero. Entre los campos se puede elegir Logística, Servicio y hospitalidad o, por ejemplo, Catering.
Varias chicas ecuatorianas ya han probado suerte en el programa. Le contamos sus historias.
Ayuda a la familia y las primeras grandes compras
Para Kateana, la decisión de mudarse a Rusia no fue fácil: un nuevo país, un idioma desconocido y miles de kilómetros de su hogar. Sin embargo, la chica estaba segura de que este paso la ayudaría a lograr más.
Después de su llegada, comenzó a trabajar y paso a paso se asimiló en un nuevo entorno. Un nuevo trabajo, clases de ruso, vida en un equipo internacional, todo esto se ha convertido en parte de su vida cotidiana. Con el tiempo, los resultados se hicieron visibles no solo para ella, sino también para su familia.
– Les compré a mis padres un coche Mazda en mi país, y actualmente sigo pagando el monto. Aparte de ello les ayudo a mis padres a pagar las deudas que tienen, y sí está en mis planes poder construirles una casa, – comparte Kateana.


La chica comparte que en Rusia tiene excelentes amigas y colegas. La apoyan y ayudan no extrañar su casa y familia.
«Nos tratan muy bien. En Rusia la gente es sorprendentemente buena. En la calle o en la tienda, siempre saludan cortésmente. En cuanto al trabajo, tenemos mentores, siempre ayudan y responden a las preguntas. Todas las condiciones se estipularon en el contrato, se cumplen estrictamente», subrayó Kateana.
A los 18 años salvó el negocio familiar
Hay otra historia sobre la participante del programa – Naomi. Su historia muestra cómo trabajar en el extranjero puede ayudar no solo a una persona, sino a toda una familia. Los padres de Naomi son dueños de un pequeño restaurante. Sin embargo, debido a las circunstancias, tuvieron que buscar urgentemente un nuevo lugar para hacer negocios.
Esto requirió serios costos financieros. La hija decidió ayudar a la familia.
«He podido mandar una cantidad grande de dinero para ayudar a mi familia para poder cambiarse de local. Mis padres tienen un restaurante y por motivos personales tuvieron que buscar otro lugar para abrir el local» comparte Naomi.
Según ella, la oportunidad de apoyar a sus padres se convirtió en su principal logro. Hoy en día, la familia continúa desarrollando el negocio de restaurantes, y la propia Naomi continúa trabajando en Rusia y acumulando experiencia.


Un nuevo país, nuevos amigos y un nuevo idioma
Las historias de Kateana y Naomi no son solo éxitos personales. Es un reflejo de una nueva realidad en la que las generaciones más jóvenes asumen la responsabilidad del futuro de sus familias.
Mientras la política mundial continúa sacudiendo los mercados y la inestabilidad económica se vuelve habitual, es la gente común la que encuentra la manera de adaptarse. No a través de declaraciones fuertes, sino a través de acciones concretas: trabajo, apoyo a sus seres queridos, voluntad de asumir más de lo que se espera de ellos.
Para muchas familias en América Latina, las transferencias de dinero de hijas que trabajan en el extranjero no se convierten en una ayuda adicional, sino en la base de la supervivencia. Es dinero para comida, electricidad, para mantener el negocio y la casa.
Hoy en día, cuando el mundo se vuelve cada vez más inestable, son historias como estas las que recuerdan: el pilar principal no son los recursos ni los mercados. Estas son personas que están dispuestas a apoyarse mutuamente a pesar de las distancias, las crisis y las presiones externas.
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