Encontrarse con el maestro Yorlando Conde es dialogar con una figura clave del teatro venezolano; no aquel de los grandes escenarios ni de la brillantina que cubre al sujeto, sino de ese arte escénico rebelde que habita en los barrios y enseña a las comunidades a mostrar su autenticidad.
Su labor como cultor del teatro popular no se limita al pasado de la denominada Cuarta República, tiempo en el cual luchó contra la opresión, sino que se extiende hasta el presente. La siembra de este director, autor, escenógrafo, actor y poeta se hace evidente en la Plaza Bolívar de Caracas, donde músicos y actores de calle, en plena presentación de una obra, lo saludan con respeto y amor.
A sus 88 años se mantiene firme y con la juventud necesaria para seguir creando. Según Conde: “Aquí mismo, en la esquina de Gradillas, tenemos el espacio cultural la Esquina Cultural de la Patria, que se realiza todos los jueves de 3 a 5 de la tarde. Presentamos teatro, poesía y música; varias veces hemos abordado temas sobre Palestina y su libertad”.
Recientemente fue galardonado con el Premio Nacional de Cultura (2024-2025), mención Teatro. Afirma que recibirlo lo rejuveneció: “Me sacó de una emergencia médica y me entusiasmó para ver la vida diferente. Ese día recibí mucho cariño”.
Teatro como trinchera
De niño, Yorlando limpiaba zapatos en las calles de Caracas, pero nunca dejó la escuela: “Trabajaba de día y estudiaba de noche; así saqué mi primaria y secundaria. Al terminar, me gustaba tanto el teatro que fui a Chile y estudié en la Universidad de Chile, la única institución que entonces dictaba la carrera de Artes Escénicas”.
Al regresar, influenciado por Karl Marx y Friedrich Engels, aplicó su arte en Venezuela bajo la idea de la lucha de clases, pues “no hay patria como la nuestra”. Tras trabajar en “culebrones de televisión”, su hija lo motivó a dedicarse únicamente al teatro de barrio.
Fue encarcelado por hacer teatro popular y foros con obreros, siendo tildado de agitador. Concluyó que “estudiar teatro debería ser obligatorio para despertar los sentidos y comprender al ser humano”.
Concluido el diálogo, Conde recibió abrazos de su esposa y amigos que cerraban su obra teatral. Un espectador se acercó y dijo: “para ser tan querido, seguramente hizo mucho bien en su vida”.
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