Venezuela se quedó sin sueño mundialista


Anoche, Bolivia se jugaba la última carta de su manojo ante un equipo de cierto misterio, Irak, en procura de alcanzar lo que para varias generaciones de jugadores fue un imposible: el Mundial. Ahora recordamos 1994, en el estadio Soldier Field de Chicago, el partido de estreno mundialista ante Alemania, el drama de la expulsión en pocos minutos de Marco “Diablo” Etcheverry, la victoria teutona por uno a cero. Ahí estaba, entreverado con setenta mil fervientes aficionados, Bill Clinton, por entonces President of United States of America. Todo esto llega a nuestra mente mirando el partido de los bolivianos ante Surinam, y pensando, con un innegable aire de añoranza, que ahí podía haber estado, bordando fútbol y con los corazones en las manos de los venezolanos, la Vinotinto…

Surinam, un seleccionado limitado, con pocos recursos tácticos y con solo tres o cuatro jugadores habilidosos (Liam Van Gelderen, autor del gol, es uno de ellos), teóricamente hubiera sido para Venezuela un equipo abordable. Desordenado, sin conseguir soluciones a los enredos del partido, no le fue muy difícil a Bolivia. Esos goles de Moisés Paniagua y Miguel Terceros fueron la consecuencia de un equipo que puso en la cancha más inteligencia y calma. Bolivia quería, seguramente, demostrar que no solo gana en La Paz y en El Alto, sino que es capaz también en terrenos planos. Así las cosas, por suramericanos, por haber de algún modo representado a los venezolanos, deseamos que los verdes hayan vencido a Irak. Sería una gesta para una selección que debió derrotar a Brasil y esperar que la Vinotinto no consiguiera lo mismo ante Colombia, para entonces viajar a Monterrey en busca de lo que solo el deseo de su determinación y la fe de su gente pudo conseguir: ¿quién ganaría anoche, podría Bolivia hacer vibrar el enorme altiplano?…

Intencionadamente, no hemos hablado de la Vinotinto en su gira de dos partidos. Lo vamos a hacer con más detalles y luego del capítulo ante Uzbekistán, para hacernos una idea más cercana a su realidad actual. Todo es muy temprano, y aunque no es sencillo detener los entusiasmos luego de “llenar la canasta” a Trinidad y Tobago, corresponde esperar, filtrar y colar. Habrá quien diga: “Con esta selección hubiéramos barrido a Surinam”. Bueno, no es para tanto. Echemos un vistazo al retrovisor y recordemos los días iniciales del premundial pasado: los ecos retumbaban en los oídos de todo el país. “No nos para nadie, estamos clasificados”, clamaban, y ya sabemos cómo se escribió la historia: “Todo tiene su final”, cantaron entonces Héctor Lavoe y Willie Colón. Paremos, y esperemos el paso de los días para saber de qué va la vaina.

Nos vemos por ahí.


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