A cuatro décadas de aquel 18 de abril de 1986, cuando la partida física de Antonio Lauro dejó un vacío enorme en la cultura venezolana, el silencio no ha sido la respuesta. Al contrario, el legado del maestro nacido en Ciudad Bolívar resuena con más fuerza que nunca.
Este fin de semana se materializa un hito en la historia discográfica nacional: el lanzamiento digital de «Lauro Interpreta a Lauro».
Esta producción es un acto de justicia sonora. Se trata de recuperar la pureza de un artista que, con sus propias manos, definió el estándar de la guitarra latinoamericana. La obra, que llega a las principales plataformas globales como Spotify, Apple Music y YouTube Music, es el fruto de una labor titánica de restauración liderada por Nelly Carvajal, arquitecta de la memoria original del compositor, y la remasterización de vanguardia del ingeniero Eleazar Moreno, bajo la producción de José Ernesto Martínez y el acompañamiento de la nieta del maestro, la investigadora del Jazz Bárbara Lauro, honrando sus raíces.
La elegancia del trópico
Antonio Lauro (1917-1986) fue un artista total: guitarrista, compositor, maestro de música y cantante. Formado por Vicente Emilio Sojo, hijo de inmigrantes italianos y criado en el fragor de una Caracas aún aldeana, logró una simbiosis perfecta entre la academia más rigurosa y el folclore más puro.
Su música posee esa “melancolía luminosa” que tanto fascinó al mundo.
Su obra más emblemática, el «Vals Venezolano N.º 3 Natalia» —dedicado a su hija—, es un estándar universal que figura en el repertorio obligatorio de cualquier concertista de clase mundial. Ningún otro tema venezolano ha logrado tal trascendencia; el mismísimo John Williams, aclamado guitarrista australiano, la integró en su álbum «Vivaldi Concerto / Lauro: Vals Venezolano N. 3», catapultándola a la categoría de himno de la guitarra clásica contemporánea. El impacto de Lauro fue tan profundo que el legendario Andrés Segovia, no dado a los elogios frívolos, lo bautizó como el “Strauss de la guitarra”, comparando la elegancia rítmica de sus valses con la de los valses vieneses, pero con la sabrosura inconfundible del trópico.
Un fenómeno global
La influencia de Lauro trasciende las fronteras de Latinoamérica. En Japón, su figura es venerada. En las academias y conservatorios nipones, la obra de Lauro es materia de estudio obligatoria; existe una fascinación tal por su precisión técnica y su colorido armónico, que no es raro encontrar ediciones de sus partituras impresas en Tokio antes que en otras capitales europeas. Incluso existen concursos internacionales de guitarra en Asia que llevan su nombre.
Pero su legado no solo vive en los grandes teatros. Lauro se aseguró de estar presente en la vida cotidiana de su patria. Su versión de Gloria al Bravo Pueblo es quizás la armonización más respetada y difundida de nuestro Himno Nacional. Fue gracias al maestro que generaciones de niños en Venezuela aprendieron a entonar el símbolo patrio con el rigor y la dignidad que él consideraba indispensable.
Lauro solía decir que su música era un acto de patriotismo, y demostró que el ritmo del 6/8 del joropo y el merengue venezolano podían ejecutarse con la misma etiqueta que una sonata de Bach.
Celebración
En conmemoración, la Orquesta Filarmónica Nacional de Venezuela invita a “Lauro: Sinfonía de Voces y Guitarra”, el fin de semana en la sala José Félix Ribas del Teatro Teresa Carreño.
El sábado a las 4:00 pm, el doctor Alejandro Bruzual dictará una charla sobre la vida del maestro, seguida de recitales de Ignacio Ornés y Jhibaro Rodríguez.
El domingo, a las 11:00 am, la OFN junto al Coro Vicente Emilio Sojo presentará un repertorio que incluye Cantaclaro, Giros Negroides y el Concierto para Guitarra Nº 1, contando con las participaciones especiales de Nilo Márquez y Efrén Suárez.
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