Apoyos simbólicos a Palestina - Últimas Noticias


Mucho se ha escrito sobre las relaciones entre política y religión. Desde que Constantino I, a las puertas del siglo IV, aceptó integrar el cristianismo a su mandato como emperador, más por motivos estratégicos y pragmáticos que espirituales o trascendentales, este vínculo inquebrantable se nota ahora más que nunca como una condición ineludible de la praxis política actual. ¿Por qué? Porque la política es una pugna que se da fundamentalmente en el campo simbólico y no hay nada más poderoso en ese ámbito que la fe y, por tanto, la doxa.

En estos tiempos que corren, en los que las narrativas son más efectivas que las argumentaciones, nadie quiere escuchar complicadas explicaciones conceptuales si no, en una sola mirada, en una sola imagen, en un solo símbolo, comprender lo que nos quieren decir. Por tal razón, Constantino (me contó mi amigo Oscar Vásquez Coraspe) fue el primer diseñador gráfico de la historia, porque fue a él a quien se le ocurrió dibujar la cruz en las banderas de su ejército y las siglas de Cristo en los escudos de sus soldados, durante la batalla del puente Milvio (312 dC).

El emperador romano contó, según los historiadores de la época, que le inspiró una visión que tuvo al ver en la cúspide de una montaña una gran cruz con la inscripción In hoc signo vinces (con este signo vencerás). En pocas palabras, no solo diseñó el logo más difundido de la historia, sino que también se apropió de la narrativa más popular para lograr su cometido imperial.

Por eso no debe sorprendernos que Donald Trump, en sintonía con los antiguos emperadores y en concordancia con la actual reconfiguración del proyecto civilizatorio de la modernidad, tome símbolos poderosos del cristianismo para su atroz plan de dominio mundial por medio de la amenaza, la muerte y la guerra.

Trump difundió en su red social una imagen de sí mismo, generada por IA, con vestimenta similar a la usada por Jesucristo, según su iconografía clásica, curando a un enfermo en cama y con toda una parafernalia simbólica que ratificaba más sus intenciones militares, bélicas y de dominio que otra cosa. La publicación fue eliminada, pero causó gran revuelo y una explicación tan innecesaria como poco efectiva por parte del mandatario.

Sin embargo, esto ratifica la relación entre política y religión, eso sí, de la manera más burda e irresponsable posible.


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