La expresión facial y la intensa mirada de Francisco de Miranda en la obra «Miranda en La Carraca» (1896) nos conmueve, pues aquella prisión jamás lo contuvo; este cuadro que ha permanecido en el imaginario nacional, retratado por Arturo Michelena, asoma una idiosincrasia que fue capaz de concebir los ideales que nutrieron el inicio de la gesta independentista de América Latina.
Recordar esta icónica obra plástica, que este año alcanza los 130 años, es también propicio para conmemorar, este 14 de julio, el aniversario número 210 de la muerte de Miranda.
Esta pintura, por cierto, se exhibió al público el 18 de julio de 1896 en una velada realizada en el Teatro Municipal de Caracas. En esa misma actividad, los espectadores también contemplaron la obra «Pentesilea».
Sin embargo, es «Miranda en La Carraca» el cuadro que más cautiva a la crítica y a las personalidades, siendo incluso adquirido por el Gobierno de Joaquín Crespo. En el mismo acto, Michelena recibió una Medalla de Oro. Cabe destacar que en ese mismo año se celebró una exposición en el Palacio Federal en el marco de los 80 años del fallecimiento del primer venezolano universal, siendo esta pintura el centro de atención.
De esta manera, la obra de Michelena reafirmó en nuestra memoria histórica la presencia constante de Miranda: un hombre incomprendido cuyo legado intelectual dejó una huella imborrable, venciendo finalmente los infortunios que lo persiguieron tanto en vida como en la posteridad.
Retrato que conmueve
El poeta e investigador de arte, Juan Calzadilla, señalaba que el éxito de «Miranda en La Carraca» estaba más vinculado con el impacto emocional del “héroe caído” y la recreación de la prisión donde falleció, que con la maestría de Michelena. En el libro de su autoría, «Arturo Michelena» (1973), bajo el sello Ernesto Armitano Editor, explica que el artista “ha ensayado trazar una descripción verídica de los últimos momentos de Francisco de Miranda, y en este sentido concibió un retrato naturalista que conmovió fuertemente al público caraqueño”.
Se trata de un cuadro realizado con la técnica del óleo (196.6 × 245.5 cm), cuya contemplación cautiva y atrapa, dejando una marca a través de una iconografía que queda impresa en el imaginario. Fuera de la imagen evidente de Miranda preso, está la incómoda postura que manifiesta un cuerpo en resistencia.
A esto se suman los libros sobre una mesilla y el catre donde reposa, dando a entender que, a pesar de su desdichada situación, todavía mantiene su vida conectada con el arte liberador de la lectura.
Impacto cultural
Es constante toparse con alguna reinterpretación de esta pieza, sobre todo de artistas emergentes que comparten sus obras en las redes sociales. El maestro Edgar Álvarez Estrada dedicó varias revisiones, resaltando su cuadro «Miranda sin La Carraca», situando al héroe en una playa, infundiendo sosiego y plenitud.
Actualmente la obra está exhibida en la muestra “Medio Siglo de Arte en Movimiento”, en la Galería de Arte Nacional (GAN).
En el 2024, la GAN dispuso temporalmente un catre y una imitación del fondo de la prisión pintado por Michelena, para que los visitantes posasen la difícil postura de Miranda, la misma que hizo hace más de 100 años su modelo original, el escritor Eduardo Blanco.
Caída
Miranda, veterano de las revoluciones de Estados Unidos y Francia, concibió el proyecto de la Colombeia como un viajero ilustrado para enfrentar a los imperios. Firmó el Acta de la Declaración de Independencia y ejerció el poder ejecutivo en la Primera República de Venezuela; sin embargo, el desequilibrio militar y el terremoto de 1812 debilitaron su estabilidad. Para evitar una masacre patriota, capituló ese año, pero oficiales lo acusaron injustamente de traición y lo apresaron. Entregado a los españoles, murió en el penal de la Carraca (Cádiz) el 14 de julio de 1816 tras sufrir un ataque cerebrovascular.
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