
Christopher Nolan revive un clásico para brindarnos su perspectiva sobre una historia conocida. En un mundo donde los países más poderosos tienen delirios de colonización, la obra de Homero no parece lejos de la actualidad.
Las guerras nunca traen buenos resultados, siempre mueren los inocentes. Los deseos de “justicia” terminan generando las peores atrocidades. ¿Quiénes son los héroes y quiénes los villanos cuando la avaricia y el descontrol marcan los conflictos por un territorio?
La película protagonizada por Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, y basada en el poema épico griego, luego de recrear los obstáculos que debe sortear Odiseo para volver a Ítaca, presenta cuestionamientos que hoy no pasan desapercibidos.
Los clásicos llegan a serlo precisamente porque no tienen fecha de caducidad. «La Odisea» es una de esas historias que, más allá del paso del tiempo, puede ser comprendida como lo que es, una reflexión sobre la ambición, la desmesura, la necesidad de la lealtad y la perseverancia para lograr los objetivos.
La Hibris, ausencia de mesura, es la peor falta en la vida en sociedad de los griegos. En el largometraje algunos personajes se dejan llevar por ella. El viaje de Odiseo le genera la posibilidad de descubrir en sí mismo cuánto hay de heroico o cruel en los acontecimientos que generó.
La película, que goza de una fotografía impecable y buenos efectos especiales, entretiene y nos somete a su discurso poético y reflexivo. Obviamente al ser la versión de una obra, el director se tomó la libertad de tratar a los personajes como creyó necesario, darle protagonismo a unos, eliminar otros y contar una historia que estuviese cerca de sus intenciones.
Finalmente, su buena realización puede jugar en contra de sus planteamientos. Ojalá los espectadores vean mucho más allá de su espectacularidad y descubran las ideas que expone.
@luisauguetoliendo
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