Mi hijo me llegó el último día de liceo, con una caja de gaticos. Sí, una cajita, bien sucia por cierto, con 3 gaticos. Bellos, sí, pero yo no quería gatos y el muchachito me lloró y me partió el alma verlo tan involucrado y yo como la mala del cuento.
Esto pasó el año pasado, mi hijo estaba en tercer año de bachillerato, estaban de fiesta navideña, último día de clases y el colegio es muy amigable con los animales, siempre han tenido un perro y yo feliz, porque el perro está en el colegio y no en mi casa.
Resulta que era la fiesta de navidad y dejaron una caja de gaticos, tenían como un mes, estaban pequeños y la directora del colegio dijo que ella no podía hacerse cargo y preguntó en todos los salones a ver si se repartían los gatos, preguntó a profesores, mantenimiento y con desconfianza a algunos alumnos también.
Mi hijo dijo: «nosotros no vamos a viajar y por esta temporada para que no pasen frío en la calle, yo creo que no habría problema», se llevó los tres gaticos… no pudo compartir la carga, se trajo los tres.
Cuando llegó a la casa, llegó tarde y haciendo advertencias: Mamá, no te vayas a molestar, no es para adoptarlos, es para cuidarlos hasta que tengan una casa… casi me dio algo… la caja sucia, los gaticos llenos de pulgas y el olor… terrible.
De una vez, le dije los bañas ya, bota esa caja, yo dando órdenes… sin saber que terminaría enamorada de los pulgositos más bellos. Sí, así se quedaron. Los bañamos entre los dos, les quitamos las pulgas y les salió sardina en lata…la devoraron.
Así los llevamos al veterinario y como mi hijo era el «responsable» le dije que debía comprarles comida, cama, platos, juguetes etc. Fue tan comprometido, que hizo la primera compra, conmovió tanto que usara de sus ahorros, que terminé apoyándolo en todo y asumiendo a mis nietos.
Vinieron varios de sus amigos a jugar video juegos y cada uno con un gatico en brazos, esa navidad, la pasamos muy acompañados, si teníamos que salir, los dejábamos encerraditos en una jaulita y se dormían todos juntitos para darse calorcito. Hasta que un día se nos olvidó, se comieron los cables del internet y atacaron a los reyes magos del nacimiento…
Estuvimos como hasta el 7 de enero sin internet, desde el 1ro. Es que las pulguitas se enamoraron de ese cable, gracias a Dios y no del de la corriente. Fue la travesura más terrible, de resto, su cajita de arena siempre la usaron y se portaban muy bien.
Cuando fue a su primer día de clases, fui yo al colegio, le pedí a la directora que me ayudara a darlos en adopción, sea en la comunidad de alumnos y representantes, amigos, pero era importante que encontraran familias amorosas. Eso era importante para nosotros.
Bueno, lloramos cuando entregamos al primer bebé, fue un día de tristeza tan terrible, mi hijo estaba destrozado y yo también, pero entendíamos que no podíamos quedarnos con tres gatitos. Así que seguimos buscando casita para los otros dos bebés.
Y sí, conseguimos una persona allegada al colegio que adoptó a otro de los bebés, nosotros lloramos, pero no fue tan fuerte, mi hijo estaba muy encariñado y responsable con las pulguitas. Juntos compartimos ese duelo y sin darnos cuenta, nos aferramos a la tercera pulguita que quedaba por dar en adopción.


Lo abrazábamos más, lo consentimos más y así, sin darnos cuenta, no lo dimos en adopción y nuestro Pulgoso se quedó para acompañarnos y mimarnos, porque ese gatito disfruta de estar con nosotros, es muy cariñoso y sí, es una responsabilidad tenerlos, pero es más lo que nos ha dado ese gatito a nosotros, de lo que nosotros le hemos dado.
¿Tremendo? Sí, a veces hace de las suyas, pero disfrutamos mucho de esa picardía gatuna que nosotros no conocíamos, los amigos de mi hijo cuando vienen, preguntan por el Pulgoso de una vez y él aparece coqueto, esperando que lo mimen, disfruta demasiado de la atención.
Ahora vivo con mi hijo y con un gato… por cierto, yo no quería tener gato, pero se adueñó de mi corazón y ahora si no duermo con él, no estoy tranquila, es tan calientito y el muy coqueto sabe que yo lo busco para dormir y a veces espera que me duerma, para irse con mi hijo.
Por ahí dicen, que uno no tiene un gato, es el gato el que te tiene a ti, no lo pongo en duda.


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