Carlos Lavado: 70 años de motociclismo y gloria


Dentro del firmamento de asfalto, aceite y gasolina, podemos inferir que Venezuela –basado en deportes a motor– cuenta con un después tras la llegada de dos titanes que asaltaron las pistas del campeonato del mundo del motociclismo entre los competitivos años 1970 y 1980.

Primero fue Johnny Cecotto, quien hizo historia grande el 24 de agosto de 1975 al coronarse campeón mundial en la categoría de 350 cc. Lo impresionante de su hazaña no fue solo ganar, sino cómo lo logró.

Lee también: Antonelli ganó en Canadá su cuarta carrera en fila

Con apenas 19 años y 211 días, Cecotto destronó al mítico piloto italiano Giacomo Agostini y se convirtió, en ese momento, en el campeón mundial más joven de la historia del motociclismo de velocidad.

Lavado insurgente

Ocho años después de la fiebre desatada por Cecotto, renació otro piloto que, igualmente, nació en la Caracas indómita y provocó el furor del pueblo citadino: Carlos Lavado.

El caraqueño, cuyo apellido materno es Jones, nació un 25 de mayo de 1956, por lo cual su onomástico alcanzó 70 años.

Al hacer referencia a Carlos Lavado Jones, no se habla únicamente de un piloto; se evoca la era más salvaje, competitiva y romántica del motociclismo mundial. Y esto se explica por cuanto en 1983, a bordo de la Yamaha TZ250 del equipo Venemotos, Lavado tuvo que apelar no solo a su velocidad pura, sino a una madurez estratégica para vencer al francés Christian Sarron.

Explican los cronistas de la época que “fue un año de altísima presión, donde la regularidad fue la clave del éxito y además dio un golpe sobre la mesa al ganar de forma consecutiva en el difícil trazado de Rijeka (Yugoslavia) y en la legendaria “Catedral” de Assen (Países Bajos), donde junto a Ivan Palazzese llegarían 1-2, algo casi imposible de pensar para pilotos no europeos ni estadounidenses.

Con cuatro victorias totales en la temporada (Francia, Yugoslavia, Países Bajos y Monza en Italia), Lavado supo administrar los puntos en las carreras finales para asegurar matemáticamente su primer título mundial, desatando la gran fiesta en toda Venezuela.

Intratable

La otra corona en los 250 cc alcanzada por Lavado fue tres años después, en 1986, donde asentó una auténtica demostración de máximo poderío y superioridad absoluta en la pista.

La prensa internacional lo bautizó ese año como el “Huracán del Caribe” por la forma en que arrasaba en los circuitos con la nueva Yamaha YZR250.

El arrojo y entrega de Lavado era tal que durante el Gran Premio de España sufrió una caída que casi lo retira de la competencia. Hubo otro accidente en pista y la carrera se detuvo con bandera roja. Eso fue aprovechado por los mecánicos de Venemotos, quienes hicieron milagros para reparar la moto contrarreloj.

Lavado tomó la segunda salida y, con el cuerpo adolorido, remontó de forma espectacular hasta ganar la carrera. Esa jornada definió el tono de su campeonato.

A partir de allí dominó por completo a rivales de alto calibre mundial, entre ellos el español Sito Pons y el alemán Anton Mang. Además, el criollo aseguró su bicampeonato antes de la última válida del año, demostrando que cuando estaba inspirado y en total comunión con su moto, nadie en el planeta podía ir más rápido que él.

Lavado, en 1983, ganó con el corazón y la regularidad de un estratega y en 1986 se alzó bárbaramente con la fuerza arrolladora de un piloto en la plenitud de sus condiciones.


www.liderendeportes.com

Ver fuente