Falleció el reconocido periodista Humberto Acosta



Humberto Acosta (Foto: @tripleplayha)

Octubre, 1984. Camino al aeropuerto de Maiquetía, Jacobo Lezama charlaba animadamente con el conductor y le explicaba los pormenores de su oficio de reportero gráfico. En el asiento de atrás, dos hombres comenzaban a conocerse; uno, recién llegado a “El Nacional”, y el otro, ya experimentado en las vaivenes del periodismo. Hablaban de las cosas que se hablan cuando se quiere saber del otro, de la universidad donde estudiaron, de la fuente que iban a cubrir esa tarde. “¿Oye, ¿tú hablas inglés?”, preguntaba uno, y el compañero respondía, “palabritas, más nada”. Rieron con timidez, como se ríe la gente cuando comienza a descubrir el mundo del otro. Miraron hacia adelante, como se mira el infinito cuando hay vidas esperanzadas. Porque el periodismo es eso: nunca se piensa en el dinero a ganar, en el logro personal, sino en darle a la gente los destellos de la utopía del deporte, el sueño colectivo del ídolo al que la gente quisiera levantar estatuas de bronce eterno…

Pasaron los días, los teléfonos sonaron en la extensión 185, y entonces se hablaba de beisbol y fútbol. “¿Cómo es que tú fuiste en tu infancia, antes que a uno de beisbol, a uno de fútbol?”, preguntaba uno de ellos. “Bueno, por la misma razón que tú fuiste, antes que a uno de fútbol, a uno de beisbol”. Y rieron de buena gana, él, con la risotada que llenaba toda la redacción, y se invitaron: “Vamos a hacer una pausa. Vamos a bajar a tomarnos un café en el mata gato”. Y así, entre la redacción deportiva y el “mata gato”, entre Sandy Koufax y Pelé, entre Serrat y Rubén Blades, entre Manuel Vázquez Montalbán y Milan Kundera, fue creciendo una amistad, una confianza que llegó, como siempre pasa en las confianzas, a contarse la pequeñas cosas de la intimidad hogareña, las esposas, los hijos, las satisfacciones, las arrecheras… y llegó el programa de radio, en Deportes Unión Radio, entre estos dos compinches. Y no podía ser de otra manera, porque ¿con quién más?…

La emisión comenzaba con aquel “Hoy puede ser un gran día”, y seguía con la creación de sesiones. Aquella, “El Encontrado”, para volver a la memoria a personajes que una vez fueron, fue una delicia para los oyentes; también cada viernes, cuando leían citas de escritores y poetas. Vaya camaradería, vaya vida tan diferente a las paralelas porque estas sí se juntaron, y en las que hablar de la sociedad y sus eventos con sentido crítico, a veces con cierta dureza, era motivo de honda reflexión. De súbito, lanzó Sandy Koufax una recta incandescente y Humberto Acosta se regocija en su amor por el beisbol. Su amigo, su cómplice en tantas cosas de la vida, alucina con los sortilegios de Pelé. Pero, y viéndolo bien: ¿cómo haremos ahora para seguir contando cosas, cómo será la vida sin uno que ha emprendido el viaje? ¿Cómo será tener que hablar y solo tener al eco como respuesta? Qué vaina las que nos ha tocado vivir. Nos vemos por ahí.

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