El fútbol se ha convertido en un maná donde el dinero fluye a raudales. Pocos negocios internacionales pueden igualar sus bondades empresariales, y es por eso que, de unos años a esta parte, japoneses, rusos, coreanos y estadounidenses se han mostrado interesados en entrar en la multimillonaria rebatiña de sus múltiples negocios. Con toda intención no hemos mencionado a los árabes, y no solo por ser los de más reciente ingreso en el laberinto a manos llenas del gran balón futbolístico, sino por ser hoy día el monstruo que acecha, que devora y que todo lo quiere a su paso de nuevo gigante de las finanzas llegado desde el rico petróleo.
El fin de semana pasado vimos las imágenes conmovedoras de jugadores que decían adiós a sus clubes, mientras echaban miradas de promesas hacia la península arábiga…
La función de las despedidas nostálgicas comenzó con Antoine Griezmann como primer actor. Con pancartas de adioses en los graderíos del estadio Riyadh Metropolitano de Madrid y lágrimas rodando mejillas abajo, el francés, intentando disimular sus emociones acumuladas después de diez años con la camiseta rojiblanca en el pecho, movía las manos hacia cualquier lado para retribuir con gestos de cariño tanto amor.
En otra ciudad, en la cancha del Spotify Camp Nou vestida con los colores blaugrana de “més que un club”, Robert Lewandowski era alzado por sus compañeros del Barcelona como tributo a su paso por la institución. No fue mucho el tiempo ahí del atacante polaco, solo cuatro temporadas, pero dejó marcado con hierro candente su aporte como valor fundamental…
Y, para completar la jornada del “hasta otro día será”, el brasileño Casemiro se abrazó a sus compañeros del Manchester United el día de su último aliento en el equipo del puerto inglés. Entonces, los árabes. Ávidos de nombres sonoros, deseosos de que su dinero suene y con la ambición de convertir a su liga entre las mejores del mundo, han puesto de nuevo plata sobre la mesa.
No pudieran llevarse a Griezmann, quien ahora moverá la bola en el Orlando City de la Major League Soccer, pero sí mueven lo afanes de Lewandowski y Casemiro para encaramarlos en un avión con aterrizaje en Riad. Allá, en el Al-Nassr se encontrarán con Cristiano Ronaldo, ahora también socio capitalista del club, para comenzar a trazar sus nuevas historias en Arabia Saudita. Nada escapa ni al fútbol ni al influjo del poder del dinero de la península arábiga. La carrera de los futbolistas no suele ser muy larga, así que jugar en el océano de los verdes que por aquellos lugares ofrecen no deja de ser una hermosa tentación, especialmente para futbolistas imprescindibles como los aquí mencionados. ¿Quién dice que no?
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