Llegan días de repechaje, días de enredos…



Como el fútbol se expande, como abre sus alas de águila vigilante para no dejar escapar ninguna presa, ahora inventa el repechaje de selecciones que no tuvieron fútbol para entrar al Mundial por vía directa.

Bueno, en realidad la repesca existe desde hace algunos años aunque nunca como esta vez, con 22 equipos, 16 de Europa y seis entreverados en la brega de varios continentes, tratando de pegar el salto y treparse hasta Estados Unidos, México y Canadá.

El “águila” vuela y consigue a un país consagrado por la historia, como Italia, ausente de los últimos dos mundiales también en repechajes, pasando por la vergüenza de buscar un cupo en la cola de la clasificación, quién lo iba a pensar.

Los italianos, heridos de muerte en su orgullo nacional, verán en Irlanda del Norte, Gales y Bosnia Herzegovina su puente hacia el lugar del que nunca debieron haber salido. Las fechas serán el 26 y 31 de marzo, aunque antes deberán vencer a los irlandeses para entra en la gran decisión ante el otro ganador.

Hemos tomado como referencia a Italia por considerar que se trata de lo que se trata: cuatro veces campeona del mundo, y colosal y temido adversario en cada encuentro mundialista. Italia, vaya paradoja, ha caído al mismo nivel de Kosovo, debutante, y no lo decimos con intención peyorativa hacia este país, sino nos referimos al fútbol. Los italianos, pues, tendrán que desandar el camino, llevar agua para el molino y ser otra vez lo que siempre han sido.

En la otra orilla del río se para Ucrania. No tanto por su talante en las canchas, sino por la visión que se ha formado a su alrededor como país en guerra. La afición estará pendiente de su juego, pero los futbolistas, más que pensar en asuntos políticos y belicistas, estarán con su atención fija en la posibilidad de vencer a sus adversarios de la llave B. En esa agrupación estarán Suecia y Polonia, dos durísimos rivales en una llave de puro fuego, y la menos considerada Albania.

Turquía, que a veces sorprende con juego de altos quilates y otras como una selección sin brillo, verá en Rumania, Eslovaquia y Kosovo sus enemigos en la C en una carrera que parece favorecer a los otomanos. Entretanto, Dinamarca, emergiendo como preferida en el D, tendrá frente a sí a Macedonia del Norte, la República Checa y la República de Irlanda.

En realidad, todo este panorama de partidos y más partidos es derivado de un Mundial con 48 selecciones, una aparente exageración pero que va con los tiempos que se viven, en los que todos quieren participar. 16 equipos para cuatro cupos podría ser una buena señal, así a algunos no les gusten esos tumultos de jugadores. Al final, así va a ser, y al terminar estas extenuantes jornadas el Mundial se abrirá frente al planeta, porque se ha convertido no solo en un evento deportivo, sino en una manifestación humana irrenunciable. El águila ya está feliz.

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