Cuatro diplomáticos de América Latina exponen sus proyectos el próximo 28 de mayo en un debate abierto en Londres. Este encuentro definirá el rumbo de la sucesión de António Guterres al frente de la Secretaría General de la ONU, un mandato que iniciará formalmente el 1 de enero.
El evento, organizado por el Centro Británico de la ONU (UNA-UK), reúne a las principales figuras de la región en el emblemático Methodist Central Hall, frente a la Abadía de Westminster.
Líderes internacionales, diplomáticos, parlamentarios, empresarios y estudiantes asisten a esta cita para evaluar las capacidades de los aspirantes. De los cinco candidatos oficiales, solo falta el expresidente senegalés Macky Sall, quien justificó su ausencia por compromisos previos. La cita representa una de las pocas oportunidades para confrontar de manera directa las visiones de quienes buscan dirigir el organismo internacional.
Perfiles de liderazgo con sello latinoamericano
La expresidenta chilena Michelle Bachelet lidera el grupo de aspirantes gracias a su experiencia como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Su trayectoria combina la gestión de crisis globales con el liderazgo gubernamental en su país.
Su propuesta genera un fuerte respaldo entre los sectores que buscan consolidar la agenda social y humanitaria del organismo, aunque el gobierno de ultraderecha de su país, no la respalda.
El argentino Rafael Grossi, actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), aporta un perfil técnico y una sólida experiencia en temas de seguridad global. Grossi destaca por su mediación en conflictos nucleares recientes, un factor clave para los países que priorizan la paz y la estabilidad geopolítica. Su postulación equilibra la balanza hacia una gestión con enfoque en la seguridad internacional.
La costarricense Rebeca Grynspan, secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), enfoca su campaña en la economía global y el desarrollo sostenible. Grynspan cuenta con un amplio reconocimiento por su labor previa en la Secretaría General Iberoamericana y en el PNUD. Su visión prioriza el cierre de brechas financieras entre el norte y el sur global.
La ecuatoriana María Fernanda Espinosa, expresidenta de la Asamblea General de la ONU y excanciller de su país, completa el cuadro de la región. Espinosa domina la diplomacia multilateral y enfoca sus prioridades en la crisis climática y el fortalecimiento de la Asamblea General. Su conocimiento interno de la estructura de la ONU le otorga una ventaja estratégica en el debate.
El criterio de rotación continental favorece a la región
América Latina reclama el liderazgo de la organización debido a la regla no escrita de rotación continental. Esta norma debilita las opciones del senegalés Macky Sall, ya que la región no ocupa la Secretaría General desde el periodo 1981-1991, cuando la dirigió el peruano Javier Pérez de Cuéllar.
La comunidad internacional coincide en que el territorio latinoamericano merece asumir el control en este periodo. El debate de género también marca el pulso de la elección, pues ninguna mujer ha ocupado jamás el máximo cargo de la ONU.
Las agencias del sistema de Naciones Unidas cuentan con un liderazgo femenino consolidado, lo que refuerza la postulación de tres de las candidatas. Sin embargo, los cambios políticos recientes en la presidencia de Estados Unidos reducen el peso de este factor en la decisión final.
El Consejo de Seguridad mantiene la última palabra en este proceso de selección. Los cinco miembros permanentes con derecho a veto (Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido) filtran los nombres antes de la votación en la Asamblea General.
Los candidatos necesitan el visto bueno de estas potencias para avanzar, lo que convierte al debate de Londres en una vitrina crucial para convencer a los negociadores internacionales.
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