El pueblo defiende su legado político y cultural


Para la escritora, lingüista y analista del discurso Isabel Rivero D’Armas, el control territorial y cultural, ejercido mediante una represión que reduce la capacidad de acción y de ser del otro, constituye el objetivo central del imperialismo, que se impone para acumular más poder en una guerra que parece dirigirse contra el mundo entero. Subraya que el ataque de Estados Unidos contra Venezuela es un ejemplo actual de ese lenguaje represivo, sin embargo, el pueblo ha respondido contra la manipulación discursiva.

En su obra «El habla del venezolano», Rivero D’Armas advierte que “siempre ha existido la ley de la selva (…). Eso significa que unos pocos, al tener más poder, privilegios o recursos, insisten en relegar y reprimir a los demás (…). Casi nunca se da a conocer abiertamente cuál es el verdadero objetivo: disminuir la capacidad de acción del otro”.

En entrevista con Últimas Noticias, la especialista explicó que en toda agresión militar “hay un lenguaje represivo para demostrar la fuerza del hegemón, sin que importe el derecho internacional ni el respeto a los derechos humanos que, contrariamente a sus acciones, pregonan. Menos aún la constitución de un país”.

Añadió que se trata de una forma de comunicar dominio absoluto: “te tenemos bajo control”, vulnerando sistemas de seguridad y, más allá, la mente y la identidad cultural de los pueblos. “Tu ideología, gustos, visión de mundo, forma de interpretar la realidad y, por ello, tu identidad, lo que involucra el lenguaje y esto, a su vez, lo cultural”, explicó.

Afirma que hoy no solo se manipula con narrativas falsas, sino que se normaliza el saqueo. “Ni siquiera se preocupan solo por manipular, para justificar las acciones con falsas narrativas que demonizan a quien consideran hostil a sus intereses, sino que normalizan el saqueo cuando, por ejemplo, expresan que ahora se hacen cargo de nuestro petróleo”, comentó.

El valor de la calle

La analista también destacó que, frente a esa imposición, el presidente Nicolás Maduro se presenta “con la frente en alto como un prisionero de guerra, porque han violentado la soberanía de un país; no tiene nada que temer ni esconder. Se crece como líder político y luchador social. Manda un mensaje que nos transmite fuerza y empáticamente nos conecta con el comandante Hugo Chávez y su legado político y cultural, porque refuerza los valores que definen nuestra identidad nacional como pueblo indomable”.

Según su criterio, el pueblo venezolano, en respuesta a los ataques militares de EE. UU., marcha masivamente en defensa de su presidente. “Con ello, desmiente las matrices mediáticas y reafirma que Maduro cuenta con el apoyo mayoritario de los venezolanos.

Esta acción constituye un golpe certero contra la manipulación discursiva con que han intentado controlarnos y mantenernos sumisos, y envía un mensaje al mundo que posiciona a nuestro país como una nación que respeta los valores democráticos, pone en tela de juicio a quienes dicen defender la democracia, pero contrariamente oprimen y someten a los pueblos que han decidido ser libres”.

Lo afirmativo venezolano

Asegura que el legado cultural de Chávez se refleja en la reafirmación de la identidad nacional y en la defensa de la independencia. La expresión “lo afirmativo venezolano”, del intelectual venezolano Augusto Mijares, es uno de los conceptos que ha rescatado el ministerio de la Cultura, tanto en el período de Chávez como en el de Maduro.

“Se manifiesta al afianzar los valores de nuestra identidad nacional desde lo sociohistórico, en particular de nuestra independencia, en lo relativo a que somos una nación soberana, libre e independiente. Esto nos conecta con nuestra Constitución en cuanto a los principios del ideario bolivariano que la fundamentan”, opina.

No hay que olvidar, agrega, que Chávez rescató la importancia de nuestros símbolos patrios y nuestra dignidad.


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