Roberto Notarfrancesco: "Mi obra busca alertar a la humanidad"


El trazo certero y enérgico del Roberto Notarfrancesco convierte al color en materia viva: carne y huesos que se funden en figuras humanas junto al espacio inherente, donde la pintura se encarna y se dilata como cuerpo en transgresión.

Esa materialización revela la miseria oculta y la crisis existencial “como un Ouroboros eterno”, afirmó el artista, mientras en la misma figuración agresiva emergen seres “semi luminosos desvanecidos en su momento”; predestinados, irreverentemente espirituales, desnudos, en proceso de encarnación sublime, destellando en una intensa manifestación pictórica.

Recientemente, su obra «El cubo de Saturno, la danza del silencio», expuesta en la Galería de Arte Nacional, fue distinguida con el máximo galardón del I Salón Nacional de Arte Elsa Morales 2025.

Su estilo puede vincularse al neoexpresionismo. En sus propias palabras: “Busco la vanguardia: diluir la abstracción y la figuración para crear un tercer sistema Toiral (cuántico, regente del universo), desvelando imágenes y formas nuevas en una gran simbiosis con el paisaje y el espacio”.

“Una nueva forma de expresionismo donde acontece otro grado de sublevación en la expresión, capaz de generar seres casi no terrenales, muy semejantes a nosotros: una simbiosis entre realidad y ficción que destruye el velo que separa ambas dimensiones. Como si estos emergentes visibles fueran vigilantes o ancestros atrapados en espacios predeterminados o jaulas. Podríamos hablar incluso de un toque sobrenatural en la obra y de mensajes encriptados que emergen desde el inconsciente”, agregó.

Viajes a otras dimensiones

Notarfrancesco tuvo una infancia feliz. De pequeño se describía como irreverente e inquieto, al punto de sufrir varios golpes que aún recuerda. Sin embargo, también vivió experiencias intensas que marcaron su memoria.

Nació el 6 de junio de 1968 en Chacao, estado Miranda, y uno de sus recuerdos más presentes es que “cuando dormía tenía viajes hacia otras dimensiones, recogía información de otros mundos y de otras vidas”.

Igualmente, revela el impacto que le causó un viaje a Italia a muy temprana edad, cuando tuvo contacto visual con las obras de Benvenuto Cellini en la Plaza de la Señoría de Florencia y con esculturas antiguas, entre ellas las de Miguel Ángel y Bernini. “Sin tener idea ni saber que eran obras de arte, solo tenía tres años de edad”, recuerda.

Su acercamiento al arte fue un acto de irreverencia frente al control social. Desde niño dibujaba con pasión, especialmente en la noche. Se formó en la Escuela Rafael Monasterios de Maracay, estado Aragua (1986-1990).

Detalló que los artistas plásticos que más le han influido provienen de la Edad Media y del Renacimiento italiano y holandés. Mencionó a Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Tiziano, Jan van Eyck, Tintoretto y Caravaggio, entre otros. También destacó que “hay una fuerte influencia del arte de civilizaciones milenarias ya desaparecidas: la etrusca, la egipcia y, más atrás aún, la sumeria”.

Finalmente mencionó el romanticismo francés y el simbolismo vienés como fuentes de inspiración en su labor. “En cuanto a la era moderna, el expresionismo alemán de la posguerra ha sido, en consecuencia, junto a ciertas figuras actuales, una coincidencia en la búsqueda. A veces, en mi obra surge una gran fuerza contemporánea en el trazo y en el color, cercana a los artistas de la vanguardia pictórica expresionista”.

La obra de Notarfrancesco se caracteriza por la fuerza de un trazo que da origen a nuevas formas y seres.

Visión realista

Explica que su creación no responde a una revelación pesimista, se trata de una “visión supra realista de alerta y de vigilancia constantes sobre nuestros egos humanos y alertar sobre la incapacidad constante del discernimiento del alma. Lo que busco es delatar las miserias que habitan dentro de cada uno de nosotros”.

Tras años de materializar sus ideas en la pintura, concluye que “mi obra busca alertar a la humanidad sobre su caída, y seguirá ocurriendo si no reaccionamos”.


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