Sanoja, un robo de base para la historia


Hay una magia especial en la forma en la que los novatos disfrutan cada oportunidad, quizás por aquello de que la primera vez siempre es inolvidable. Durante el Clásico Mundial de Beisbol, en el dugout de Venezuela siempre hubo fiesta, tambor, ilusión y garra, pero realmente parecía que nadie lo vivía con más intensidad que Javier Sanoja. Él era de los primeros que salía a recibir a sus compañeros tras cada batazo importante, siempre estaba aupándolos, pidiendo a la afición que se hiciera escuchar, saltando de un lado a otro, cual niño en parque de diversiones. Estaba feliz por el solo hecho de estar ahí y, aunque nadie lo vio venir, terminó siendo una pieza clave para el título.

Sanoja disputó como titular los dos primeros juegos de la fase de grupos, ante Países Bajos e Israel, para cubrir la baja de Jackson Chourio que resultó lastimado en los juegos de exhibición. La idea era aprovechar su versatilidad defensiva, pero él dio mucho más que eso. En su estreno, ante el primer envío que recibió del abridor Antwone Kelly, despachó un cuadrangular solitario por todo el jardín izquierdo del LoanDepot Park, la casa de sus Marlins. Ese batazo le dio a Venezuela una ventaja que no volvería a perder, pero además le demostró a la afición que Omar López tenía esa piezas, jovén y versátil que podía marcar diferencias.

Chourio volvió al lineup titular para el tercer juego de la fase de grupos y en esa instancia no volvimos a ver a Sanoja, bueno en el lineup, porque -como ya dije- él siempre aparecía en las cámaras en los momentos importantes y su emoción, sus gritos, sus expresiones, eran difíciles de ignorar. Tras las victorias ante Japón en cuartos de final e Italia en semifinales, quizás el mismo se había hecho la idea de que no volvería a tomar un turno y no lo hizo, pero de cualquier forma el beisbol le regaló el protagonismo que merecía.

Ustedes saben bien lo que pasó en esa novena entrada del juego final ante EEUU, Luis Arráez sacó el boleto y Omar López no lo pensó dos veces, puso a correr a Sanoja y éste inmediatamente le robó la segunda base a Garrett Whitlock. Eso lo cambió todo. Estar en esa posición le permitió anotar la carrera de la diferencia con el doble de Eugenio Suárez, le devolvió el aliento a los millones de venezolanos que estaban viendo el juego, dentro y fuera del estadio. Y así se convirtió en un héroe porque nunca dudó, no titubeo. Y cómo héroe fue recibido por sus compañeros en el home, ahí todos estaban convencidos de que habían sellado la victoria.

El resto es historia. Venezuela consiguió su primer título en el Clásico Mundial y el nombre de Javier Sanoja quedó grabado en la memoria de toda la afición. Ahora está en su pretemporada con los Marlins, luciendo con orgullo su medalla de campeón y demostrando que el futuro también es promisorio. Gracias Javier.


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