La mitad de los estados de EEUU demandan al Gobierno de Trump por nuevos aranceles


Veinticinco estados de Estados Unidos demandaron formalmente a la Administración del presidente Donald Trump por su nueva ronda de aranceles. Esta medida afecta a las importaciones de 60 economías y socios comerciales clave, reavivando el enfrentamiento entre los gobiernos estatales y la Casa Blanca sobre el control de la política económica del país.

La querella judicial fue presentada por un bloque de fiscales generales y gobernadores que abarca a jurisdicciones como Nueva York, Arizona, California, Colorado, Nueva Jersey y Minesota, además de los gobernadores de Kentucky y Pensilvania.

Los demandantes argumentan que los gravámenes son ilegales y provocan un incremento inmediato en los precios que pagan los consumidores y las empresas estadounidenses.

El conflicto se originó después de que el Tribunal Supremo anulara en febrero la mayoría de los aranceles globales previos que el Gobierno había impulsado. Tras ese revés judicial, la Administración anunció investigaciones bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio, utilizando como argumento la existencia de prácticas de trabajo forzoso en las cadenas de suministro internacionales.

Amparados en dicha investigación, los funcionarios federales impusieron aranceles de entre el 10% y el 12,5% a sesenta economías, incluyendo a los veintisiete Estados miembros de la Unión Europea, Canadá, Japón, el Reino Unido y diversas naciones latinoamericanas.

Sin embargo, los estados demandantes sostienen que el Ejecutivo utiliza el trabajo forzoso únicamente como una excusa para mantener su política de imponer gravámenes indiscriminados.

Un movimiento estratégico ante la inminente reconfiguración de poder

Más allá del debate estrictamente comercial, la ofensiva de los veinticinco estados se interpreta como un movimiento estratégico contra el gobernante ante la próxima votación del Congreso. Con el poder legislativo preparándose para debatir decisiones presupuestarias y comerciales clave, esta presión judicial busca limitar el margen de maniobra de la Casa Blanca y fracturar el respaldo político a su agenda arancelaria.

La disputa actual amenaza con reconfigurar los espacios de poder en Estados Unidos, situando al Poder Judicial y a los líderes estatales como los principales contrapesos frente a las ambiciones económicas del Ejecutivo en Washington. Las autoridades locales exigen que se declare la ilegalidad de los gravámenes y se ordene la restitución de los fondos recaudados.


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